norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

 

Hace unos días, candidatos del PRI en Tamaulipas, postulados en alguno de los muchos municipios de la entidad, se lanzaron a respaldar al candidato del PAN al gobierno estatal. Y la respuesta del Revolucionario Institucional fue simplemente, acusarlos de tener ligas con el narcotráfico y expulsarlos de sus filas.

El hecho en realidad, no tendría mayor importancia si no fuera por el hecho de que en el actual proceso electoral, el PRI parece haber adoptado la estrategia de acusa, “y ya después aclaramos”

La acusación en Tamaulipas es por lo menos, chistosa. El líder del PRI, Manlio Fabio Beltrones hace la acusación. Los candidatos expulsados fueron comprados por la delincuencia organizada, para favorecer al PAN. Y enseguida, dice que se mantendrá la investigación y que si se encuentran las pruebas del caso, se dará vista a la PGR.

De esta manera, la acusación es de “oídas”. Más un chisme que una realidad. Pero de alto contenido político.

Sin embargo, quedan muchas cosas por aclarar.

La acusación del señor Beltrones es mediática. Pero bien vista, lo que hace es poner en ridículo a las instituciones encargadas del combate a la delincuencia. Lo mismo a nivel estatal, que a nivel federal. Y entonces, resulta que el líder del PRI acusa de ineficiencia, incapacidad y o corrupción a las autoridades locales y federales que, curiosamente, pertenecen a gobiernos emanados de su partido.

Este tipo de acusaciones parece ser ya, la norma del PRI en esta campaña.

Hace unas semanas, en algo que en ese momento pareció ser el mensaje de que los problemas del PRI en Veracruz se habían originado en la capital del país y por lo tanto no podían endosársele al partido, Beltrones dijo que el candidato del PAN en esa entidad, quería ganar “para robarse lo poco que quedó”, en una acusación que más en contra del abanderado panista, estaba dirigida al actual gobernador Javier Duarte.

Pero en ese momento, como ahora en Tamaulipas, Beltrones olvidó muy adecuadamente, acompañar su discurso de las acciones. En este caso no hubo expulsiones y menos anuncio de que se solicitaría algún tipo de investigación en contra de las autoridades veracruzanas. Se tenía un discurso en contra del PAN y de efectos directos en contra del gobernador. Pero nada más

El discurso de Beltrones al mismo tiempo, pierde efecto ya que, al tiempo que quiere ser contundente en contra de sus rivales, deja de lado los problemas que se registran en sus candidatos.

Olvida, por ejemplo, los intentos evidentes de Alejandro Murat por engañar a la sociedad con declaraciones trampeadas. En este caso no hay, ni habrá, comentario alguno sobre las extrañas riquezas personales del candidato. No toma en cuenta los gastos singulares en la campaña de Aguascalientes y menos los negocios logrados en Chihuahua por el aún gobernador, obviamente de filiación priista.

Es el mismo PRI que guardó un singular silencio cuando el Senado de la República dejó para más adelante el debate en torno al llamado paquete anticorrupción o que consideró que dar respaldo a la iniciativa ciudadana 3de3 sería abrir la puerta a una “cacería de brujas”.

En el caso de Tamaulipas, la evidente venganza del PRI a contra sus candidatos nace del respaldo de estos al abanderado del PAN. Pero también pone de manifiesto el nerviosismo del PRI sobre lo que puede suceder en las elecciones.

Nerviosismo que ha llevado a la dirigencia priista a lanzar acusaciones serias en diferentes partes. Acusaciones que no son seguidas de denuncias ante las autoridades respectivas y que dejan suponer que el fondo de todo esto no es más que una nueva versión priista de la guerra sucia en el terreno electoral.

El problema es que en esta actitud, la primera de las víctimas es la legitimidad en el proceso electoral. El PRI podría vencer a final de cuentas. Pero quedaría siempre la idea de que su victoria se logró de manera poco transparente.

Sin embargo, la buena noticia es que el PRI en esta ocasión no habla de moral o de principios. Simplemente ha puesto sobre la mesa su calidad moral. Y su ambición de poder, de las cuales por cierto, existían muy pocas dudas.