Por Norberto DE AQUINO
El proceso electoral que nos llevará a la renovación del poder ejecutivo en doce entidades se encuentra a poco más de dos semanas de resolverse. Y lo único que resulta evidente es la pobreza política que han demostrado partidos y candidatos. Especialmente el PRI.
En varias entidades el mensaje de los partidos nada tiene de proyección rumbo al futuro para la entidad de que se trate. Lo que existe es la absoluta falta de ideas. Y el cinismo, ese sí contundente, con el que se acusa al contrario, solo para tratar de esconder las fallas y corrupciones propias.
De acuerdo con los allegados a los partidos, todas las elecciones, salvo quizá Sinaloa e Hidalgo, serán procesos complicados y muy cerrados.
Pero no lo serán por la capacidad y propuesta de candidatos y partidos. Lo serán por la guerra sucia que se ha desatado en cada entidad en la que se disputa el gobierno local. La lucha por el poder que no contempla la respuesta ciudadana a un proyecto determinado, sino la reacción del votante sobre quién de los partidos y los candidatos es más o menos corrupto que el rival.
Tamaulipas, Veracruz, Puebla, Aguascalientes y Oaxaca, sólo para citar algunos casos, viven sumergidos no sólo en la inseguridad, la violencia y la deuda pública, sino que se preparan para votar por o contra, se candidatos que no tienen proyectos reales, y partidos que se dedican a provocar más el desaliento y la abstención, que la participación ciudadana.
Y como es el PRI el que con mayor ahínco se ha dedicado a la descalificación del contrario, con una guerra que nada tiene de electoral y sí de ambición de poder, por el poder mismo.
Bajo ese marco, la pregunta no es entonces ¿qué victorias pretende lograr el PRI, sino sí en realidad quiere ganar?
En la mayor parte de las entidades en busca de nuevas autoridades, el PRI es el partido en el poder. Así, la lógica dice que la guerra desatada por los priistas va más en pos de una anulación, que en búsqueda de una victoria y por la tanto, la legitimación del poder federal, aún cuando sea sólo como efecto colateral.
El PRI no ha tenido problema alguno en dejar ver que el narcotráfico es el factor importante en entidades como Tamaulipas. Y ello sin importar el hecho de que en ese estado el gobierno es emanado de las filas del partido tricolor. Y que en el ámbito federal, también la autoridad encargada de combatir la delincuencia, organizada o no, responde a un gobierno priista.
Ello obliga a pensar si no sería posible que ante el avance contundente de los partidos de oposición, ya por simpatía, ya por cansancio ciudadano con respecto al PRI, el priismo desea una “segunda elección”, en la que sus oportunidades puedan mejorar. Tal y como sucedió en el caso Colima.
El mensaje es claro. Si la elección se convierte en una amenaza para los priistas, entonces habrá que trabajar para que la anulación sea la respuesta. Y ya con más tiempo y con menos presión, entonces buscar la victoria que en estos momentos, no parece muy al alcance.
La actitud priista no permite suponer muchas cosas más.
Es risible ver al partido tricolor lanzar acusaciones sobre ligas con el narcotráfico y expulsar candidatos en una entidad, solo para voltear la cara en otras en las que sus candidatos son vistos no sólo violentando el marco electoral, sino desafiando abiertamente a la autoridad correspondiente.
Así, aparece en los medios de comunicación, información sobre la riqueza de algún candidato de oposición, pero ninguna denuncia real sobre ilegalidades. Información que nadie explica cómo pudo llegar a la luz púbica si se supone que es parte del trabajo de dependencia que si encuentran delito tienen que castigarlo y no darla a conocer, como filtración, para dañar electoralmente a un rival.
La descomposición es evidente. Los partidos y los candidatos han demostrado su absoluta falta de respeto a los ciudadanos.
Quieren el poder. Pero no para resolver problemas. Lo quieren para mantener las actuales condiciones. Lo que se busca es el poder. Y nada más.
Y en ese nada más, quedan comprendidas por supuesto, las demandas y necesidades de la sociedad.

