Por Norberto DE AQUINO
A dos semanas de las elecciones en las que doce entidades renovarán gobierno, en el PRI el optimismo ha cedido su lugar a la alarma. Y bajo esa nueva condición, las medidas de emergencia han hecho s aparición. Después de todo, el horizonte no permite pensar en triunfos arrolladores.
Para el PRI las cosas son ahora claras. No sencillas, pero sí claras. Sinaloa, Hidalgo, Chihuahua y Zacatecas son consideradas como “seguras”. Esto es, un tercio de la elección se “tiene en la bolsa” y salvo tragedias de última hora, poco para preocuparse hay en esta parte del proceso.
En sentido contrario, los priistas consideran que en Puebla y Tlaxcala hay muy poco por hacer. La derrota, especialmente en Puebla no sólo parece inminente, sino que gracias a la incapacidad política d su candidata, Blanca Alcalá, las cosas podrían adquirir un tono de catástrofe. Así, se lucha por aparentar una fuerza que en las urnas podría no aparecer.
El resto de la contienda no es simple. Los datos señalan elecciones más que peleadas. Las encuestas dicen que la votación será pareja. Y hay entidades en las que el proceso se ha convertido en una batalla entre tres. Y eso puede ser un problema que no se esperaba, al menos en procesos locales.
Estados como Tamaulipas, Veracruz, Oaxaca, Aguascalientes y Quintana Roo son vistos con alarma. Lo cerrado de la lucha no permite descuidos. Las luces de alarma se encienden en todos los tableros. La sombra de la derrota aparece, pero el priismo piensa que hay forma de avanzar.
El caso de Durango preocupa, pero no tanto por lo cerrado, sino por la indiferencia de los votantes y a incapacidad mostrada por los priistas locales para consolidar una posición. Y el PAN podría, siempre, recuperar algo de su presencia al momento de la votación.
Ante esta situación, el alto mando priista ha tomado medidas de emergencia. Y dentro de ellas, podrían destacarse los casos de Veracruz, Tamaulipas y Oaxaca. Es obvio que una derrota en estas entidades sería considerada como fracaso total, con miras al proceso del 2018.
Así, en el caso de Veracruz, hubo un encuentro con el gobernador Javier Duarte, y con quienes tienen la responsabilidad política del proceso para el PRI.
Y en esa reunión se fue de lo más claro. Duarte es considerado como responsable directo del daño que el Revolucionario Institucional pudiera sufrir en las urnas. Es más, se ha puesto a la vista el acuerdo del mandatario con MORENA, hecho bajo la idea de que hay que evitar que gane el PAN, pero no permitir que repita el PRI.
El mensaje es claro, si el PRI pierde, el juicio será implacable. Y no deben existir dudas sobre si se hará o no.
Sobre Tamaulipas, las cosas son parecidas, pero en sentido contrario. El juicio se ha hecho ya. Y las críticas fueron durísimas, pero en contra de la dirigencia partidista. La estrategia de llevar la guerra sucia al terreno legal fue simplemente, un ridículo absoluto. Montar una denuncia sobre fotos trucadas ha resultado en fortaleza para el PAN. Y ligar a la campaña con el narcotráfico, fue simplemente, demostrar
el fracaso de la administración local y del gobierno federal en lo que se refiere al combate a la delincuencia organizada.
Por lo que se refiere a Oaxaca, la preocupación tiene raíces en dos frentes. El primero, Alejandro Murat no ha entendido que es candidato y se ha dedicado a disculparse por ser hijo de José Murat, más que por impulsar proyectos y propuestas. Las encuestas se han emparejado. Y las luces de alarma crecen.
Además, José Mura es señalado como parte del acuerdo de Morena con Javier Duarte. Esto es, juega de manera doble en el escenario electoral. Y ello impacta, a querer o no, en Oaxaca.
El PRI tiene en la mano, según sus cuentas, unas cuatro gubernaturas. Pero el objetivo fue siempre, ganar por lo menos nueve.
Ello significa que tiene que ganar cinco en entidades en las que el escenario es más bien complicado. El riesgo de perder es claro. Y ese escenario se agudiza cuando se ve que Veracruz, Tamaulipas Aguascalientes y Oaxaca podrían quedar en manos de la oposición en un resultado cercano a la debacle total.
Por eso las medidas de emergencia. Y la esperanza de que el nuevo planteamiento se haya asumido a tiempo.

