Por Norberto DE AQUINO
El gobierno federal decidió realizar un cambio de imagen. Quería abandonar el estilo “tieso” y carente de mansaje. Se abrieron las puertas de Los Pinos para grupos críticos. Y se dio paso a proyectos como el de los matrimonios gays. Un cambio total. Hasta que, de nueva cuenta, la realidad volvió las cosas a su lugar. Y ahora en voz de Antonio Garza, exembajador de Estados Unidos en nuestro país.
El diplomático estadounidense, convertido ahora en consultor, pero con ligas importantes en el aparato del poder en su país, lanzó un comentario, publicado en un buen número de diarios en Estados Unidos, mediante el cual simplemente, destrozó el optimismo del gobierno mexicano.
El señor Garza mostró su conocimiento de México. Y por supuesto, de los políticos mexicanos. Y no tuvo problema alguno e decir lo que quería decir.
Así, destacó que los problemas de imagen de México en Estados Unidos no se iniciaron en la campaña electoral estadounidense, sino que vienen de atrás.
Y para que se entendiera lo que deseaba marcar, señaló que una campaña de relaciones públicas, como la que planea México en el extranjero, no dará resultados ya que para que la imagen mexicana cambie, lo que se requiere es que el gobierno combata realmente, el problema de la corrupción.
Garza considera importantes las leyes anticorrupción, pero dice que las maniobras en el Congreso y el vació de liderazgo político no ayuda a que las iniciativas cristalicen, lo que no ayuda a mejorar la imagen.
Enfatizó que la preocupación generalizada en Estados Unidos sobre un México violento, corrupto y operado por los cárteles de la droga, no nació con las campañas, sino que se deriva en gran parte de los muy reales retos que enfrenta el país.
Así, dice Garza, si el intento por mejorar la imagen de México es serio, el primer paso no tiene que ver con campañas de relaciones públicas, sino con el contenido del mensaje y el combate a la corrupción.
Otra vez, justo en el momento en el que el gobierno de Enrique Peña Nieto intenta cambios que ayuden a mejorar los pobres niveles de aceptación de que goza su administración, desde el exterior le recuerdan que el problema nada tiene que ver con actitudes, sino que son necesarios el cambio en las acciones
Ahora es un exembajador, que por cierto duró más allá de lo acostumbrado. Y siempre fue visto como un diplomático con mucha fuerza y conocimiento de nuestro país.
Ahora, aparece con un artículo que se publica en varios medios en Estados Unidos. Y acribilla, con elegancia y contundencia, al gobierno federal. Y le recuerda que se pueden gastar millones en campañas de relaciones públicas, pero que con ello no se resolverán los problemas reales.
Y dentro de los problemas de fondo, el de la corrupción salta en primer lugar.
Antonio Garza se suma así, a la línea de críticos que demandan acciones serias en contra de la corrupción. Y como muchos otros, lanza críticas al Congreso por haber detenido, sin rubor alguno, la iniciativa de ley conocida como la 3de3.
En lo interno, la iglesia católica, los empresarios y parte del magisterio están en pie de lucha. Y el PRI pasa problemas para salir victorioso en las elecciones de junio próximo.
En lo externo, la OEA, la CIDH, la ONU y muchas ONGs han lanzado fuertes críticas a la política sobre derechos humanos del gobierno federal.
Y para completar el cuadro, las promesas sobre el crecimiento una vez que se aprobaran las reformas estructurales no se han cumplido. Y los beneficios, de llegar, tardarán aún varios años.
De esta forma, el mensaje de Antonio Garza es mucho más complejo de lo que se puede ver a simple vista. La presión sobre el gobierno no cede.
Y parece que no le tolerarán las acciones que buscan más que otra cosa, distraer la atención y no resolver los problemas esos sí, estructurales.
Y la corrupción se mantiene como la gran bandera para la presión.

