Por Norberto DE AQUINO
Miguel Angel Mancera ha convertido el fracaso en ridículo. Y lo ha hecho con una facilidad impresionante. Quería fortalecer su imagen, más que disminuida gracias a sus muchos errores, y lo que ha logrado es convertirse en motivo de burlas. Lo peor que puede sucederle a un político.
El gobierno de la ciudad de México ha demostrado, paso a paso, su enorme falta de capacidad y la ausencia total de un proyecto de gobierno. Improvisa siempre en busca de popularidad más que de efectividad. Elude los problemas y evade la responsabilidad en cualquier problema. Lo suyo es el juego de imágenes, no el gobierno responsable.
Capaz de prometer a sabiendas de que no cumplirá, el gobierno del señor Mancera pensó que el capital político alcanzado en las urnas, le permitiría navegar de manera tranquila hasta el momento en el que se iniciara el proceso político para decidir las candidaturas rumbo al 2018.
Tenía tal cantidad de votos en la bolsa, que pensó que se le rogaría para que figurara como abanderado de cualquier partido, especialmente en las izquierdas. Pensaba incluso, en abanderar una gran coalición de partidos que le permitiera realmente, ser competitivo. Se declaró listo para luchar por la Presidencia de la República.
Pero la realidad se empeñó en mostrar que la característica principal en el gobierno de Miguel Angel Mancera nada tenía que ver con la capacidad. Y menos con la solución de los problemas.
La inseguridad mostró con toda claridad que el exprocurador del entonces DF o bien mentía, o bien ni siquiera estaba enterado de la problemática capitalina. Los jóvenes asesinados en el caso del Bar Heaven expuso la magnitud del problema con toda precisión.
La decisión de mentir y manipular el aumento en la tarifa del Metro se convirtió en uno de los fracasos más serios del gobierno mancerista. Manipular las encuestas para que apareciera que los capitalinos estaban desesperados por pagar un aumento del 66% en el precio del boleto fue una medida de alto riesgo.
Pero prometer mejoras, trenes nuevos y calidad en el servicio, lo que por supuesto no se ha cumplido, puso en claro que Miguel Angel Mancera podía mentir sin rubor alguno. Siempre con la apuesta de que no habría crisis y que podría mantener su carrera política rumbo al futuro.
Llegó sin embargo, la crisis. La contaminación arrolló al gobierno capitalino. Por supuesto, la complicidad en lo que a incapacidad se refiere del gobierno federal es obvia. Pero fue la administración capitalina la que abandonó a su suerte a sus gobernados. Y por más esfuerzos que se hicieron para evadir la responsabilidad o para repartirla entre “muchos”, la realidad es que el gobierno capitalino fue puesto en evidencia. Su incapacidad fue ya, inocultable.
Pero esa incapacidad podía aún, llegar a niveles insospechados.
Como medida para distraer la atención sobre el problema de las contingencias y con la idea de mostrar una imagen de preocupación ante el creciente problema del acoso a mujeres en la ciudad, al gobierno
capitalino se le ocurrió la nada brillante idea de dar vida al “silbato salvador”. Esto es un dar a cada mujer un silbato rosa para que, en caso de acoso, lo hiciera sonar. Y claro está, mágicamente, todo se resolvería.
Lo ridículo de la idea es por supuesto, compatible con la inteligencia política de Miguel Angel Mancera y su equipo. Pero es un insulto para las mujeres.
No sólo deja ver el reconocimiento de que la autoridad no se siente capaz para hacer frente al reto del ataque a las mujeres, sino que es mayor su desesperación por encontrar medidas que permitan recuperar algo de la imagen perdida, que resolver problemas.
Entonces tenemos que el gobierno quiere mantener su ambición política. Incluso a costa de la seguridad de las mujeres.
No se quiere mejorar el transporte o la seguridad. Se quiere imagen. Y si es a costa de las mujeres, mejor.
El problema es que, al tomar las decisiones, lo que se tiene como objetivo no necesariamente es lo que la sociedad espera. Y entonces, lo que para el equipo de Mancera es algo “brillante”, para la sociedad es una ofensa.
Y de esta manera, en cosa de minutos, una idea “genial” produce un ridículo monumental. Y a querer o no, deja ver en todo su esplendor, la pequeñez política de las autoridades que dicen gobernar la ciudad de México.

