norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

 

El país ha regresado a los niveles de violencia registrado en la pasada administración. El combate a la delincuencia es un absoluto fracaso. La corrupción avanza y se consolida. Y buena parte del territorio nacional se encuentra bajo control absoluto de los diferentes grupos criminales que existen. Y todo ello quedó demostrado con el secuestro de Alan Pulido.

 

Resulta trágico para la República que sea el caso de un famoso el que obligue a reaccionar a las autoridades. Pero el caso del deportista que, afortunadamente, pudo ser rescatado, deja ver que en el tema de la violencia, poco se sabe de cuál es el papel de las instituciones encargadas de la seguridad y la magnitud de su relación con las bandas criminales.

 

Dicho de otra manera, lo sucedido en Tamaulipas derriba, con facilidad, todo el discurso oficial sobre el avance en materia de seguridad.

 

El PRI había lanzado ya, acusaciones, con pruebas fabricadas, en las que colocaba al candidato del PAN al gobierno del Estado, como un cuadro ligado al narcotráfico. El PAN a su vez, había destacado la descomposición tamaulipeca como resultado de los nexos de los últimos gobernadores del estado, todos priistas, con los cárteles de la droga.

 

Cualquier día en el estado, la noticia es la balacera en tal o cual municipio. El secuestro de tal o cual persona. O el asesinato o desaparición de uno o varios habitantes de la entidad. Inseguridad en todos los niveles. Y violencia para mantener a todos sometidos por el miedo.

 

Este panorama acaba con la promesa priista de combatir al crimen organizado con inteligencia, más que con fuerza. La inteligencia, si es que se ha utilizado, no ha dado resultado alguno.

 

En 2014, el gabinete de seguridad se trasladó a Tamaulipas, con Miguel Angel Osorio Chong a la cabeza para anunciar el gran plan de seguridad para Tamaulipas. El estado se dividió en cuatro zonas y se colocó al frente de cada una de ellas a militares. Ya del ejército, ya de la marina.

 

Los objetivos fueron simples: desarticular los grupos criminales, sellar las rutas para el tráfico de personas, substancias, armas y dinero, para recuperar las condiciones de paz y tranquilidad en el estado.

 

Obviamente, el plan fracaso. Tamaulipas es uno de los ejemplos más acabados de inseguridad que existen en el país. Y por supuesto, el problema no es sólo de incapacidad de las autoridades. Existen también los problemas de la corrupción y la inseguridad.

 

El discurso oficial que buscaba presentar avances en el proyecto de seguridad, quedaron derruidos con el secuestro de Alan Pulido.

 

Pero no es el único. Y entonces aparece que las autoridades reaccionan ante la posibilidad del escándalo internacional, más que ante la indignación nacional.

 

Hay tantos secuestros en Tamaulipas, como en todo el país, que las cifras oficiales simplemente no coinciden. Es claro que se busca minimizar el daño. Pero cuando aparece un famoso como víctima, la realidad no tarda en demostrar que la situación es peor de lo que se quiere reconocer.

 

Tamaulipas es el ejemplo. Pero no es el único caso. La violencia ha reaparecido. Mutilados en la ciudad de México. Balaceras en diversas ciudades. Ataques criminales a bares y reuniones familiares. Aparición de fosas clandestinas con cadáveres que demuestran el nivel de la violencia en el país. El fracaso del aparato de seguridad y justicia. Y discursos como remedio.

 

Alan Pulido pudo ser rescatado, Libró el problema y la tragedia. Pero a cambio son cientos los mexicanos en todas partes, que ni siquiera pasan a formar parte de la estadística. Son simplemente personas que nadie sabe qué pasó con ellos. Y que seguramente nadie sabrá.

 

A nivel internacional somos, de nueva cuenta, causa de análisis. Y de comentarios sobre la difícil situación que parece, el gobierno no puede enfrentar.

 

Alan Pulido salió bien librado. Y hay que festejarlo.

 

Pero ¿qué hacemos con los cientos de mexicanos que son víctimas y que no tienen tanta suerte? ¿Qué hacemos ante el creciente número de secuestros y desaparecidos? ¿Qué hacemos con la violencia creciente?

 

¿Cómo resolvemos el fracaso de las estrategias aplicadas? ¿Qué hacemos con quienes prometieron inteligencia para resolver el problema de la inseguridad y no han podido ni siquiera, implementar un proyecto más o menos efectivo?