Por Norberto DE AQUINO
Finalmente, se convocó a un período extraordinario para, supuestamente, discutir el llamado paquete anticorrupción. Pero como siempre en este sexenio, la realidad podría no coincidir con el discurso oficial.
No deja de extrañar que se convoque a un trabajo en el Congreso sin tener los dictámenes sobre los temas a discutir, ya listos. Esto es, el camino para el debate es aún, bastante largo. Y puede, incluso no darse en los tiempos esperados. El dejar abierta la fecha de clausura de los trabajos legislativos, no es una buena señal. Es el aviso de que lo que se pretende es negociar. Pero no atender la demanda de la sociedad.
El Senado de la República, con el priista Emilio Gamboa Patrón a la cabeza, ha dado sobradas muestras de su rechazo al paquete anticorrupción. Especialmente a la exigencia de la sociedad para que se aprueba el proyecto conocido como 3de3. El tenar que transparentar bienes, ingresos, conflictos de interés y declaraciones fiscales no es algo que se encuentre en el horizonte de los políticos. Nada que parezca rendición de cuentas agrada a los políticos. Y el senador Gamboa sabe lo que está en juego.
Así, programar un período extraordinario no es por el momento, parte de un juego de imágenes en el que las bancadas del PRI en el Congreso buscan hacer creer a la sociedad que están de acuerdo en la lucha contra la corrupción.
Pero la actitud asumida por el priismo especialmente, no permite mayor optimismo.
Es sencillo entender que el abrir el espacio de tiempo para el período extraordinario no es más que el intento por aparecer como “demócratas” cuando en realidad a lo que se dedicarán los grupos políticos será buscar los caminos para evitar que les nuevas leyes, si se aprueban, tengan el poder que les impida mantener sus actuales privilegios.
La distancia entre el discurso en el que se habla del combate a la corrupción y la realidad es más que evidente. Las quejas están en todos los niveles. El malestar social es más que palpable. Tanto como lo es la inexistencia de actitudes y decisiones que permitan suponer que realmente existe la voluntad política para luchar contra este fenómeno.
Los hechos demuestran que no se quiere combatir la corrupción, como no sea a base de discursos. No hay una intención real de combatir el problema. Se prefiere hacerle frente a la demanda social en favor de la transparencia como quedó demostrado en el Senado que comanda el priista Emilio Gamboa, cuando sin rubor alguno, se detuvo la ley 3de3 y se violentó el plazo que se había fijado para aprobar el paquete anticorrupción.
El período extraordinario sin dictámenes y con una agenda que puede modificarse en cualquier momento, es la respuesta política a la denuncia que ante la OCDE presentó la COPARMEX que pido, además, al organismo que sea observador del proceso legislativo de las leyes anticorrupción.
De entada, es claro que no se quiere enfrentar el reto. Se busca simplemente “demostrar” que se siguen los pasos. Pero no tener dictámenes y no fijar fecha de término al período extraordinario, no es más que la demostración de que todo es parte del citado juego de imágenes.
Se luchará por un paquete sin “dientes”. Por una ley 3de3 que tenga un carácter más que light y que no deba ser pública. Se luchará políticamente por el cargo del Zar anticorrupción, sin importar nada que no sea el carácter transexenal del caro. Se batallará para evitar que la sociedad tenga algún tipo de control sobre los ingresos de los políticos. Y finamente, se hará el mayor de los esfuerzos por lograr que la sociedad crea que el Congreso logró algo importante en el combate a la corrupción.
Pero todo mundo sabe que en tanto sea Emilio Gamboa el que comande esa lucha, nada positivo se logrará
Y el período extraordinario al que se convoca, sin dictámenes, anuncia sólo, el intento por manipular las cosas. En la confirmación de que el combate a la corrupción, hasta el momento, no pasa de ser sólo una trampa más de los políticos en la que esperan atrapar, de nueva cuenta, a los ciudadanos.

