Por Norberto DE AQUINO
El Partido Acción Nacional festeja en grande su triunfo del pasado domingo. Quiere creer que ha entrado en la ruta de la recuperación. Y ese cálculo podría no ser tan exacto.
Es obvio que los votos favorecieron al partido blanquiazul. Y que de alguna manera arrolló a los priistas que no sólo no entendieron la realidad, sino que fueron incapaces de adivinar el tamaño del reto que tenían ante ellos.
Si se mira con clama la votación, sin importar el porcentaje, lo que salta a la vista es que, sin equivocaciones, buena parte del electorado decidió votar en contra del PRI, pero se cuidó y mucho, de respaldar a Morena. Esto es, prefirió dar un voto a un partido que en el pasado reciente demostró incapacidad y serias inclinaciones hacia la corrupción como es el PAN, antes que correr el riesgo con el partido de López Obrador.
Y este dato no es poca cosa. La oportunidad de llevar a Morena al poder se tuvo en varias entidades. Y de manera importante, los cálculos señalan esa posibilidad.
Pero a la hora de la verdad, el electorado prefirió castigar al PRI, pero no hacer cambios bruscos en el sistema político.
Así, el PAN puede presumir y debe hacerlo, sus victorias, pero bien haría en no hacer pronósticos que no tienen todo el soporte necesario.
Es sencillo adivinar que para el 2018 el PRI habrá buscado recomponer muchas cosas. Que no podrá hacer todo lo que debería hacer, pero que será diferente al del domingo pasado.
Del mismo modo, habrá que tener en cuenta que el voto que se negó a Morena podría tener un destino diferente a la hora en que López Obrador aparezca en las boletas. Esto es, nadie puede dejar de entender que AMLO por más dueño que sea de Morena, se cocina aparte en el ánimo de un buen número de votantes.
El PAN registró un avance notable. Especialmente después de la catastrófica elección del 2012 en la que fue enviado por los votantes a un humillante tercer lugar. Pero lo hizo frente a un PRI soberbio, devaluado y defensor de la corrupción prevaleciente en el gobierno. Y ante un Morena en el que AMLO no figuraba como candidato.
Para el año próximo, es previsible una derrota del PRI en Coahuila. Y una batalla sin cuartel por el Estado de México.
Y es en esta entidad en la que el PAN tendrá que demostrar que en realidad ha recuperado fuerza y tiene la confianza ciudadana. Una victoria en este proceso le convertiría por supuesto, en el rival a vencer en el 2018. Pero lo mismo sucede con Morena.
Para los panistas es vital el ser altamente competitivos en el Edomex, sin en realidad quieren aparecer como aspirantes serios para el 2018. De lo contrario mucho de lo alcanzado el domingo se perderá en piezas oratorias alejadas de la realidad.
Ganar siete gobiernos en una lucha en la que arrollaron a los priistas en algunos casos es sin lugar a dudas, un avance importante y motivo de festejo. Pero olvidar que la sociedad voto por ellos para no votar por la izquierda, sería un error. La diferencia puede ser enorme.
El PAN tiene aún mucho camino por recorrer. Es, claro está, el gran triunfador del domingo pasado. Pero sólo eso. Es mucho, pero es sólo eso.
Para el 2018 la situación será diferente. Y eso lo saben todos. Los priistas y los grupos de izquierda. La toma de posiciones es transparente.
Pero la gran batalla ni siquiera ha iniciado.

