norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

 

Arrinconado en varios frentes y sometido a la fuerte presión que produjo la derrota electoral del pasado domingo 5 del presente, el gobierno ha decidido endurecer sus posiciones. Así, incapaz de imponer una agencia política nacional y con evidentes fracturas en su interior, el grupo en el poder ha decido demostrar que el aparato de justicia puede ser utilizado para detener a los rivales.

Sin liderazgo político que le permita ajustar el debate nacional a sus proyectos, el gobierno impone la fuerza, sin entender que sus acciones, se quiera reconocer a o no, lo que esconden son afanes de revancha y un mucho de temor político.

Nadie en su sano juicio, podría intentar una defensa legal de los líderes de la CNTE. Las acusaciones con las que han sido aprehendidos y encarcelados, incluso parecen benévolas. Pero el tiempo, la forma y las distorsiones provocadas, parecen más encaminadas a la consumación de la venganza, que a una simple y real aplicación de la ley.

El gobierno olvida que buena parte del dinero que hoy se utiliza para hablar de la corrupción de los líderes de la CNTE fue entregado por funcionarios, altos funcionarios del propio gobierno federal. Olvida que, a pesar de lo que pueda alegar Aurelio Nuño, titular de la SEP, una alianza política entre la CNTE y Morena y el líder de este partido, por más ridícula que pueda parecer, no es ilegal. Y desde esa alianza, se puede criticar y cuestionar, se reconozca o no, cualquier decisión del gobierno. Salvo lo que diga la intolerancia del señor Nuño, ese es parte del papel de las oposiciones.

El choque con la CNTE deja ver entonces, medidas de fuerza, pero cambios de dirección que no parecen haber sido debidamente analizados.

El gobierno rompió con el clero católico. Y parece ser que nadie entendió el problema político que de ello se derivaría. Rompió con los empresarios que en estos momentos parecen más dispuestos a entender con el PAN que con la administración peñista. Quebró toda posibilidad de diálogo con el magisterio disidente, cuando fueron sus funcionarios los que entregaron dinero a manos llenas a los líderes de esos grupos y ahora les acusan de corrupción..

Este panorama obliga a pensar entonces que el problema en el gobierno es mucho más serio de lo que se quiere pensar.

No es sólo el rechazo ciudadano a la política económica, a la creciente inseguridad y a la avasallante corrupción. El problema en el gobierno es la cada vez más evidente fractura entre sus funcionarios.

Representantes de diversos grupos, el equipo mexiquense, salpicado de hidalguenses, ha entrado en una evidente lucha por el futuro. El tropiezo de uno es el beneficio de otro. No hay cohesión y no se piensa en el gobierno o el país. Se piensa en la ambición personal y e beneficio político de grupo al que se pertenece.

Así, es más que evidente, que en el caso de la CNTE hay divisiones de opiniones. Pero la división natural en la forma de enfrentar un problema, que se resuelve una vez que se decidió la ruta a seguir. La

división es una lucha prácticamente abierta entre unos y otros. Y en esa lucha, el presidente de la República se ha dejado atrapar.

Es por demás sencillo repetir las preguntas que no se han respondido, como por ejemplo ¿quiénes y bajo qué supuestos decidieron las catastróficas candidaturas del PRI para el proceso electoral de hace semana y media? ¿Quiénes impulsaron candidatos que poco tenían que ofrecer al priismo, pero que sí abanderaban intereses de grupo? ¿Y cuáles fueron los argumentos para que, a pesar de las muchas quejas, no se moviera la decisión?

El secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, desde las redes sociales, dijo ayer que las detenciones de los líderes de la CNTE no son políticas. Y si ello es cierto, entonces son una torpeza política. Y el debate provocad por el propio gobierno, deberá crecer.

Los frentes de batalla se abrieron por los errores políticos, por los pésimos escenarios sobre los que se trabajó, por problemas muy serios en la información interna y por el desprecio con el que se analizan los posibles efectos de las medidas que se aprueban.

Pero al momento del fracaso, la respuesta es endurecer la mano. Aplicar la ley, de manera por lo menos extemporánea y selectiva. A sabiendas de que ello simplemente reducirá aún más los espacios y los tiempos para el trabajo del futuro. Y ello para no hablar de los resentimientos y bombas de tiempo que se dejan sembradas y que estallarán justo cuando menos se quiera.

Cosas de entender el poder como posición de grupo. O si se prefiere, de no entender que no se ha entendido lo que sucede en el país.