Por Norberto DE AQUINO
Si el mensaje de las urnas fue claro y contundente, la respuesta del gobierno no lo es menos. No se es omiso, pero no habrá contundencia en el combate a la corrupción. Dicho de otra manera, el gobierno de Enrique Peña Nieto decidió simplemente, administrar la crisis.
El bloque de senadores integrado por el PRI y el Verde, bajo la conducción de Emilio Gambo, decidió que aprobar la ley 3de3 representaba para ellos y sus aliados u peligro. Y con base al derecho a la privacidad, le quitaron la fuerza y sentido al proyecto. Habrá declaraciones de impuestos, patrimoniales y de conflicto de intereses. Pero no serán públicas. Y menos obligatorias.
Así, el discurso presidencial de hacer unos días, en el que aceptaba que el combate a la corrupción se mantenía como una tarea pendiente, pierde cualquier importancia que hubiera podido tener para convertirse en una pieza oratoria más destinada a llenar un hueco dado, en un momento determinado. Pero no para reflejar la voluntad presidencial de ir realmente, al combate del problema que tanto molesta a los mexicanos.
Nadie mejor que Emilio Gamboa para abanderar un movimiento destinado a proteger intereses de grupo. Nadie mejor que el líder de la bancada priista en el Senado, para encontrar pretextos y argumentos para evitar que los políticos respondan a las exigencias de la sociedad en la que, al menos eso dice la Constitución, recae la soberanía. Nadie mejor que Emilio Gamboa para mantener el manejo del dinero y los intereses en la más recóndita opacidad posible.
Gamboa obedeció instrucciones. Y lo hace feliz de la vida. Como parte de sus beneficios. Pero entonces el mensaje. En Los Pinos se escuchó el mensaje de los ciudadanos enviado a través de las urnas el pasado domingo 5 del presente. Y se escuchó claramente. Pero el gobierno que es mejor administrar la crisis que atender la demanda.
La oportunidad para recomponer el gobierno estaba a la mano. Existía la oportunidad, pero no la voluntad. Y ello hace pensar que el gobierno no quiere hacer cambios. Es claro que el gobierno fue repudiado por los votantes. Pero los ajustes no llegarán. La famosa reflexión sobre lo sucedido, no va más allá de los discursos. La recomposición no está en los planes. Lo que viene es un control de daños y un juego de imágenes. La transformación no está en los planes oficiales.
Quitarle peso a la ley 3de3 es la respuesta oficial a la sociedad. Se escucha su reclamo, pero no se toma en cuenta. La idea es proteger a los políticos, no transparentar decisiones ni manejo de los recursos. Hay intención de “parecer”, pero ninguna voluntad en “ser”. La corrupción y su combate son un discurso. No un programa de gobierno.
Había un enorme campo de acción para el gobierno. Una oportunidad real para buscar la recuperación del gobierno peñista. La puerta para quitar banderas a la presión internacional. Y se decidió no hacer nada.
Y ello avisa el como terminará la designación del fiscal anticorrupción. Será un cercano a los políticos, más que un defensor de la sociedad. Las demandas de la sociedad son tema de discursos, no de acciones de gobierno.
Por supuesto, Emilio Gamboa presumirá lo mucho que se avanzó. Destacará la importancia de lo logrado. Y nadie lo duce, habrá de como los corruptos recibieron un duro golpe. Y lo hará sin rubor alguno y sin que le gane la risa ante la burla a los ciudadanos.
Pero la realidad habrá de imponerse. Los ciudadanos tienen total claridad sobre lo sucedido. Saben lo que se ha hecho y lo que no se quiso hacer. Saben las razones por las cuales la ley 3de3 se modificó para evitar el efecto que la sociedad esperaba.
Entienden perfectamente, que la transparencia, la rendición de cuentas y el combate a fondo de la corrupción no forman parte de la democracia al estilo mexiquense.

