Por Norberto DE AQUINO
Atrapado de nueva cuenta en sus contradicciones, el gobierno federal intenta que sobre los sucesos de Oaxaca caiga un manto de confusión. Así, la idea es crear la imagen de que es difícil saber qué fue lo que en realidad sucedió, cuando en realidad la pregunta tendría que ser ¿por qué pasó lo que pasó?
No se requiere de mucho para entender que de ambas partes hay mentiras, manipulación de los hechos y por supuesto, actos que constituyen delitos. El agravante es que en tanto del lado de la CNTE hay quienes cometieron ilícitos de todo tipo, en el lado del gobierno hay, además de lo anterior, violaciones a derechos humanos.
Ante ello, se puede partir de la afirmación oficial de que la Policía Federal tenía órdenes de no portar armas. Esta es, guste o no, una de las claves sobre los hechos en Nochixtlan.
Si la orden existía, entonces hay quien no la acató. Y que además, ordenó la portación de armas de fuego. Esto es tan simple, que nadie puede pasarlo por alto. Ordenar a la PGR una investigación sobre los hechos en Oaxaca parece entonces, más un intento por no llegar a ningún lado, que un real intento por aclarar las cosas.
En el mismo orden de ideas, es obvio que quien tiene el control sobre la policía es la Secretaría de Gobernación. Y por lo tanto, no puede dejarse de lado que el primer comunicado oficial sobre el choque entre policías y maestros en el que se niega la existencia de armas de fuego en manos de los federales, adquiere una enorme carga política.
No se requiere ser un experto para entender que ese comunicado fue aprobado por la citada Secretaría de Gobernación. Y entonces las posibilidades no son muchas. O alguien mintió a la dependencia desde la Policía Federal, o Gobernación estaba al tanto y buscó engañar a la sociedad.
El problema crece cuando se revisa la segunda aparición oficial en lo que a comunicados se refiere, ya que en esa ocasión, ante las fotos que circulaban por las redes sociales, la Secretaría de Gobernación apareció como el eje de la estrategia para afirmar que dichas fotografías eran falsas.
Aquí ya el gobierno había perdido la batalla mediática. Había mentido. Como se hizo en el caso Tlatlaya. Y se manipulaba la información como se intentó en otros casos como Apatzingán y Tanhuato. La CNTE, con todos sus delitos a cuestas, había triunfado gracias a los errores de comunicación de un gobierno que no acaba de entender que comunicar es algo más que hacer declaraciones.
Atrapado en su propia trampa, se abrió el segundo capítulo que, otra vez, sin la comunicación adecuada, deja ver que la administración peñista no sólo está dividida, sino abiertamente confrontada.
El ceder en la demanda de diálogo planteada por la CNTE, el gobierno deja ver que tiene dos formas de ver las cosas. Una de dureza que va contra clero católico, empresarios, políticos y maestros, y otra que busca el diálogo con todos ellos.
Y si Aurelio Nuño es una de las figuras destacadas de la estrategia de mano dura, entonces habrá que entender que ha perdido la batalla. Al menos en lo mediático, ya que fue simplemente marginado de la mesa de diálogo.
Al mismo tiempo, el gobierno no entendió que después de todo lo que dijo sobre la CNTE, a las que en pocas palabras acusó de verdaderos delincuentes, sentarse a dialogar con ellos, sobre lo que sea, es traicionar todos sus discursos de los últimos meses.
El gobierno a querer o no, acepta que los sucesos de Oaxaca se originaron en sus decisiones de fuerza contra los maestros. Y marginad a Nuño no es más que colocarlo en la estrategia vencida.
El gobierno, otra vez, intenta desviar la atención. Pide a PGR investigar. Pero olvida que esa PGR es la misma que no ha podido aclarar el caso de los judiciales federales que sembraron una pistola al abogado de la empresa que se atrevió a pelear con OHL. O que es la misma que mantiene en su puesto a Tomás Zerón, a pesar de que violentó el marco legal en el caso de Iguala y que fue calificado como mentiroso por diversos organismos internacionales, además de que tiene sobre sí la sospecha de haber sembrado pruebas en el basurero de Cocula.
Así, Oaxaca no es más que a continuación de la línea de actuación decidida por el gobierno federal. Manipulaciones mentiras, trampas mediáticas e investigaciones que no llegan a ninguna parte, con preguntas que evaden lo importante.
En Oaxaca sabemos qué pasó. Lo que no quieren que se sepa es ¿por qué pasó?

