norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

 

Los tambores de Guerra se hicieron sonar y todo lo que se consiguió fue un severo rechazo interno y externo. Y de nueva cuenta, el gobierno quedó atrapado en su mala estrategia y peor ejecución.

El gobierno de Enrique Peña Nieto no maneja los tiempos políticos. Quizá ni siquiera es capaz de entenderlos de manera adecuada.

Sabía que viajaría a Canadá a una cumbre de firmantes del TLC. Sabía que tanto estadounidenses como canadienses mantenía muchas reservas sobre el gobierno mexicano. Sabía que se tendría que cuidar especialmente, todo lo que sucediera en el viaje. Especialmente cuando se tenía en la mira la posibilidad de llevar al extremo el endurecimiento en las “negociaciones” con la CNTE.

Pero el viaje fue visto en Los Pinos como algo de trámite, Por lo visto, nunca fueron capaces de entender lo que estaba en juego. Y el desastre diplomático no se hizo esperar.

Primero, Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, dejó mal parado a Peña Nieto y a s postura contra los maestros con un sencillo, pero contundente, “yo soy maestro”. No hay mucho que interpretar. El gobierno de Canadá no vería con simpatía una acción de fuerza en contra del magisterio. Ya con Nochixtlán tienen suficiente.

Pero eso no fue todo. Ya en la cumbre y con Obama y Trudeau a un lado, Enrique Peña Nieto se lanzó contra los populistas, en algo que en México todo mundo entendió como un ataque a López Obrador, oculto en lo que parecía ser una crítica a Trump.

Pero Obama no dejó pasar la oportunidad. Destacó lo que entiende como populismo y señaló que Trump es cínico, no populista. “Yo soy populista” dijo. Y la posición mexicana quedó francamente, en ridículo. Canadá y Estados Unidos habían marcado distancias muy claras con México. El viaje había servido para debilitar políticamente a la administración peñista. Justo en el momento en el que se querían tomar medidas decisivas en contra de la CNTE.

El grito de guerra lanzado por Miguel Angel Osorio Chong, titular de Gobernación, con un señalamiento sobre el que los tiempos se agotaban, perdió valor político para convertirse en una amenaza. Y ante ello, llovieron las demandas de prudencia y las críticas desde el extranjero. El momento se había perdido. La estrategia oficial perdía de nueva cuenta frente a la realidad. Y por supuesto, gracias a su erróneo manejo de los tiempos.

Por supuesto, el riesgo de la violencia se mantiene. La CNTE dobló las apuestas. Y colocó al gobierno de cara contra la pared.

Pero no todo parece perdido. Tal vez incluso, es el mejor momento para la verdadera toma de decisiones con la idea de responder la pregunta que desde el principio se ha evadido y que no es otra que ¿se puede imponer una reforma educativa en contra de los grupos que deben ponerla en práctica?

A estas alturas del conflicto parece obvio que el gobierno debe tener claro que tiene en contra a la CNTE y que el “apoyo” del SNTE es algo más ficticio que real. Tienen en su poder a los líderes, pero difícilmente podrían hablar de las bases.

Así, ¿en realidad escuchar y dialogar significaría una derrota? ¿No podría ser una gran victoria?

Es claro que al interior del gobierno hay un debate sobre el qué hacer frente al conflicto. Y es obvio que hay duras batallas y malos resultados.

Pero con el clima que existe en el país ¿la salida para el gobierno está en las medidas de fuerza?

El tiempo se agota. Nadie puede negarlo. Pero ello sucede muy especialmente en la agenda del gobierno.