Por Norberto DE AQUINO
La crisis ha rebasado al gobierno. Las decisiones se toman casi sobre las rodillas, para inmediatamente después, modificarlas o dejarlas en el abandono. Y al mismo tiempo, se aplican medidas que, sin rubor alguno, lanzan por la borda buena parte de las promesas del presidente junto con lo que le reta de capital al propio gobierno.
Sin comunicación, lejanos a la sociedad y peleados con la realidad, los integrantes del gobierno insisten en creer en sus propios discursos, sin entender que la sociedad no los escucha, no les cree y que conforme hablan, el mal humor social crece.
Así, el gobierno se enreda en el choque con la CNTE. Incapaz de aclarar los sucesos de Nochixtlán, con los expedientes de Tlatlaya, Tanhuato, Apatzingán y muchos otros aún abiertos y sangrantes, las autoridades quieren encontrar una salida justo en el momento en que lanzan al rostro de la sociedad los aumentos en energía y gasolinas que, sumados al recorte, ponen de manifiesto que la “solidez de nuestra economía” requiere con desesperación del dinero de los mexicanos.
Las últimas semanas dejan ver un gobierno dividido por sus ambiciones particulares, más preocupado por sobrevivir políticamente con la mira puesta en el 2018, que en resolver los problemas que agobian al país.
Perdido el rumbo y con la ambición a flor de piel, la división se ha convertido en una guerra abierta. Perdido el control, los integrantes del gobierno quieren escapar a la crisis de la crisis y que, en el caso de que se registren, los cambios que todo mundo demanda se realicen en el gabinete, no les alcance.
El país ha visto crecer la inseguridad. Muertos en todas partes, secuestros sin respuesta, violencia desatada lo mismo por la delincuencia organizada que por los grupos políticos y con la corrupción como eje de todo el problema.
Perdidas las elecciones, el gobierno quiso recuperar terreno. Y con la única reforma que más o menos se mantiene con vida, buscó el éxito que no ha podido conquistar. Y chocó con la CNTE. Y el problema se convirtió en una batalla de “victoria o muerte”. O al menos eso hicieron creer al presidente. Y los resultados están a la vista.
Y esa oportunidad la aprovechan los que suponen no están dentro del conflicto. Y aparece el aumento en la gasolina, dejando atrás promesas y discursos contra el gobierno panista que elevaba el precio del combustible cada mes. La promesa de que no habría más aumentos, desapareció. Como tantas otras.
Pero no paró ahí la cosa. Aumentos en la luz, con todo lo que ello representa. Y claro, la promesa de que será para usuarios de “alto consumo”. Pero olvidando que la CFE ha sido abiertamente incapaz de poner orden en los cobros. Así, nadie estará a salvo de los aumentos.
En el gobierno cada quien trabaja para su beneficio. ¿O nadie sabía que estos aumentos simplemente fortalecen las posiciones de crítica al gobierno y por lo tanto terminan en apoyos para la CNTE? ¿Hay en el gobierno quien crea que la sociedad cree en sus explicciones?
Nadie puede dejar de ver que el gobierno prometió, por ejemplo 4 puntos extras en el PIB al momento en el que las reformas estructurales fueran aprobadas. ¿Ya se olvidó que se prometió que la reforma energética por ejemplo, le daría al país un punto en el PIB y enormes sumas en inversión extranjera?
Se puede entonces, intentar que los aumentos sean de “bajo impacto”, pero lo que no se logrará es que el bolsillo de los mexicanos deje de resentir el golpe.
La crisis ha rebasado al gobierno que, ya sin un rumbo claro y fracturado en su interior, busca con desesperación una salida pero sin saber a dónde pretende llegar.
A dos años de terminar, Enrique Peña Nieto no toma decisiones adecuadas.
Y bastaría con ver como se aprobó perdonar a los empresarios en la ley 3de3, pero no se respetó la voluntad ciudadana de transparentar patrimonios de los políticos. El combate a la corrupción que existe sólo en los discursos.
Una realidad que el gobierno no ve y que, guste o no, avanza en el ánimo de los mexicanos que, con toda claridad, entienden que el gobierno perdió el rumbo y el tiempo. Y las soluciones no solo se alejaron, sino que por el momento, parecen fuera del alcance. Espcialmente del gobierno.

