GarfiasFrancisco Garfias

 

Charlie Hebdo y la región Ile de France en enero de 2015 (17 muertos); el Teatro Bataclán y las calles de París en noviembre de ese año (130 muertos); Niza el pasado 14 de julio (84 muertos).

Francia ha sido uno de los países de Europa más golpeados por los radicales yihadistas. ¿Por qué? Se preguntaba ayer el diario Libération en su portada.

La factura en sangre ha sido muy alta para un país que tiene como lema la igualdad, la fraternidad y la libertad.

Allí viví más de diez años. Me tocó algo de la Francia de Giscard D’Estaing y mucho de la socialista de François Mitterrand. Fui beneficiario de la generosidad de ese país faro en materia de derechos humanos.

Por esa y muchas otras razones comparto la indignación y el mensaje que contiene el breve editorial publicado ayer por el prestigiado vespertino Le Monde sobre los hechos ocurridos en el hermoso Paseo de los Ingleses de Niza.

Va lo que leímos:

“Depresión. Tristeza. Rabia. Las palabras no alcanzan para expresar la mezcla de sentimientos provocados por esta nueva masacre perpetrada en Francia. Los franceses sienten una saturación de violencia después de los atentados de enero y noviembre de 2015.

“La forma utilizada —ese camión que embiste a la multitud el 14 de julio, jueves en la noche, sobre el Paseo de los Ingleses, en Niza— agrega, por su brutal simplicidad, a la barbarie de este ataque terrorista…

“El terrorista escogió el 14 de julio, fecha en la que Francia celebra la libertad y los derechos del hombre. Esto quiere decir que su intención fue imponer la bandera del totalitarismo en curso.

“Había escogido el momento preciso en el que los franceses estaban en familia, con los niños, asistiendo a las festividades que había en toda Francia. Más de 80 personas murieron, otras se encuentra gravemente heridas. Ellos nunca se imaginaron que esto podría pasar.

“Fue el acto de un hombre que quiso matar en masa, al más amplio número posible, por poseer un símbolo”.

Ese hombre, hoy lo sabemos, se llamaba Mohamed Lahouiaej Bouhlel, un residente tunecino que lastimó severamente al país que lo acogió para reivindicar con sangre la religión que profesa.

Leo en la columna de Pascal Beltrán del Río que la doctora Teresa Bracho, consejera del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), considera que no es conveniente “regionalizar” las evaluaciones docentes.

“De lo que se trata es que los maestros puedan dar clases en cualquier parte del país”, argumentó.

Esa lectura trajo a mi memoria palabras que le escuché al profesor Juan Díaz, dirigente nacional del SNTE —y subrayo lo del SNTE, para que no ubiquen el texto de la “dictadura” de los maestros disidentes— en una cena privada.

El sucesor de Elba Esther Gordillo habló esa noche de la necesidad de revisar la famosa evaluación que tanto inconforma a los maestros. Adecuarla a los lugares donde los docentes enseñan a los niños.

El sindicalista lo puso en palabras sencillitas, fáciles de entender: “No es lo mismo un maestro de la colonia Del Valle que uno de Pinotepa Nacional”.

¿Pensará la señora Bracho que un maestro de la sierra oaxaqueña sin computadora, sin internet y a veces sin luz puede dar clases en cualquier parte del país?

¿Tendrá las mismas oportunidades de capacitación que el que trabaja en la escuela de la colonia Del Valle? Son preguntas a la especialista.

Lo subrayo porque, si mal no recuerdo, Otto Granados, subsecretario de Evaluación y Planeación de la SEP,  mencionó que ya se han aplicado alrededor de medio millón de evaluaciones desde que entró en vigor la Reforma Educativa.

Es el presente, el ahorita, y no el “de lo que se trata…” del que habla Bracho.

A la consejera se le olvidaron las certeras palabras pronunciadas en abril de 2013 por el gobernador de Oaxaca, Gabino Cué, cuando presentó la iniciativa de Reforma a la Ley General de Educación que enviaría al Congreso: “México no puede ser uniforme por decreto”.

Cué fue uno de los primeros que destacó la necesidad de regionalizar la evaluación. En esa época apenas se debatía la Reforma Educativa.

“Que los gobiernos estatales y trabajadores de la educación participen en la definición de los criterios, términos y condiciones de la evaluación docente, así como las relativas al ingreso”, dijo entonces.

–          Lo dijo ayer el doctor José Narro, secretario de Salud: “Va mi vida por detener esos 30 nacimientos diarios de niños de mamás niñas…”. Hizo sus declaraciones en el marco de embroncada la gira que hizo por Nuevo León —no se le despegó el gobernador de la entidad— en la que, después del recorte anunciado por Luis Videgaray a los sectores que ya sabemos, dijo que la pobreza y la ignorancia son los principales enemigos de la salud.

–          Cambios en la alineación de Consejo Nacional de Fomento Educativo. Sale Joel Guerrero, director general, entra en su lugar Simón Villar. Nos dicen que el relevo se inscribe en el pleito entre los secretarios de Educación y de Gobernación. Guerrero es “totalmente Osorio”, aseguran.