Por Norberto DE AQUINO
De acuerdo a los indicios, el perdón solicitado por Enrique Peña Nieto por el escándalo provocado por la casa blanca es el primer paso para llevar a juicio a uno o varios gobernadores. Los casos de Veracruz, Quintana Roo y Chihuahua han sido puestos bajo escrutinio. Y las apuestas dicen que es en estas entidades, una o las tres, en las que el combate a la corrupción cobrará vida.
Y si ello es así, entonces las dudas saltarán por todas partes.
Es obvio que los gobernadores Javier duarte, Roberto Borge y César Duarte no tienen defensa. Pero el problema no es si cometieron tropelías o no. El problema es que el manejo desde Los Pinos en el tema del perdón y la corrupción ha dejado muchas puertas abiertas. Y una de ellas es la de la manipulación de los hechos en favor de la recuperación de la imagen presidencial.
Para que el problema se entienda más fácilmente, recordemos que en todo esto, se dieron pasos que no necesariamente respondían a los dichos.
Primero, la “renuncia” de Virgilio Andrade a la Función Pública era esperada desde que se conoció el conflicto de intereses en que él mismo había incurrido debido a su relación personal con Anayeli Martínez, con quien procreó un niño y a la que colocó en puestos públicos mediante “favores” conseguidos por su relación con otros funcionarios.
Así, Andrade puede hablar de renuncias, cuando parece obvio que lo que logró fue el favor de no ser despedido de manera pública. Imposible pensar en que este personaje hubiera podido ser presentado como una terna para lograr ser ratificado en votación en el Senado.
Además, su “investigación” sobre las casas de Malinalco y la de la señora Angélica Rivera de Peña, dejó tantas dudas, que su posición se convirtió en un verdadero ridículo para el gobierno federal.
Después, y esto resulta un indicador muy claro para entender las dudas, aparece el comunicado de Presidencia de la República, en la que se dice que el contrato de compra venta de la casa blanca lo canceló la esposa de EPN en diciembre del 2014. Semanas después de iniciado el escándalo.
Más allá de los detalles de la cancelación, lo que llama la atención es que el gobierno jamás dio a conocer ese hecho. S más, el tema siguió como fuente de críticas y cuestionamientos al gobierno. Y nunca se dijo que la compra se había cancelado, a pesar de que es obvio que ello hubiera, por lo menos, modificado cuando no anulado, el sentido de las críticas.
Después, queda el hecho de que el propi presidente reiteró la idea de que no había hecho nada ilegal, a pesar de lo cual pedía perdón por algo que había dañado la investidura, lastimado a su familia y ofendido a los mexicanos.
Ante estos hechos, las dudas sobre el alcance en el combate a la corrupción crecen. Y son muchos los que suponen que los gobernadores mencionados, uno o todos, serán las primeras víctimas del nuevo combate a la corrupción.
Pero el problema es que sí es ahí en donde se inicia el citado combate, quedarán muchas sospechas que a querer o no debilitarían l proyecto presidencial.
Dicho de otra manera, resultaría claro que el gobierno federal estaría más en busca de arrebatar la bandera del combate a la corrupción a la oposición, especialmente a los panistas, que en verdad en combatir la corrupción.
Iniciar con estos gobernadores además, dejaría la idea de que se les castiga no por corruptos, sino por haber perdido las elecciones en mes pasado. Esto es, la derrota electoral, especialmente en Veracruz y Quintana Roo, entidades que el PRI no había perdido nunca, tendría un costo político. Nada que ver con la corrupción, por más que esto exista. Habría que preguntarse si estos gobernadores hubieran ganado, estarían en estos momento, bajo la lupa del combate a la corrupción.
El riesgo de que el perdón solicitado por el presidente sea sólo parte de una estrategia destinada a recuperar algo de imagen ante la sociedad, más con miras a las elecciones del año próximo en el Estado de México y como preparativo de la elección presidencial, es enorme y evidente.
El presidente requiere enviar señales de que el combate a la corrupción es serio. Y donde empezar existe. Arrancar con gobernadores perdedores es en el mejor de los casos, “atrapar charales” para manipular a la sociedad y dejar libres a los grandes corruptos y corruptores que han destruido la imagen del gobierno peñista.
Y no entender el nuevo intento de la sociedad por llevar a sus últimas consecuencias la verdadera 3de3.

