norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

 

Las estadísticas no han sido favorable para el gobierno de Enrique Peña Nieto. Lo mismo los indicadores sobre la violencia, que aquellos relacionados con el ingreso, han mostrado el fracaso de la estrategia oficial. Pero quizá el que más daño político causó a la actual administración, fue aquel que, sin piedad alguna, puso en claro que en los primeros dos años de la gestión de EPN, los pobre en México habían aumentado en dos millones.

El golpe fue descomunal. Se venía por tierra todo un discurso oficial, promesas de campaña y mucho más serio, la derrota total de lo que en un principio fue un programa estelar del gobierno: la cruzada contra el hambre.

Así, a nadie más que al gobierno le urgía resolver el problema. Si la pobreza no sólo no cedía, sino que aumentaba, había que cambiar la metodología para medir la pobreza.

Así, el INEGI dio a conocer su nueva forma de medir la pobreza. Lo hizo sin avisar a nadie. Pero con ello lograba, de un solo golpe y a base de computadoras, elevar el ingreso de las familias, especialmente las pobres.

De manera simple, lo que se hace ahora es considerar que los entrevistados mienten a la hora de manifestar sus ingresos. Y declaran tener menos de lo que en realidad reciben. Y entonces, se eleva en algo así como un 30% el monto declarado. Y, cosas de la modernidad, desaparece buena parte de la pobreza.

Por supuesto, CONEVAL puso el grito en el cielo. Descalificó la forma de medir del INEGI. Y Con ello, se declaró una guerra de cifras que lo único que ha logrado es llevar a las dos instituciones a un serio nivel de desprestigio y a los mexicanos a poner, otra vez, en duda todo lo que tenga sello oficial.

Es obvio que el INEGI recibió la ira de parte del gobierno. Y es obvio que el cambio en la medición beneficia directamente al propio gobierno. Si hace falta algún punto para sostener el dato, basta con ver la euforia con la que José Antonio Meade, titular en SEDESOL, no sólo festejó los datos del INEGI, sino que aclamó los métodos de medición.

Cabe recordar que Meade es el mismo funcionario que se lanzó contra la CEPAL, cuando este organismo internacional también dio a conocer sus alarmantes cifras sobre la pobreza en México.

Pero el problema del conflicto en torno a los números de la pobreza en nuestro país, podría alcanzar niveles mucho más serios.

Hace unos días, el secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, destacó que en el terreno de la violencia, estábamos mejor que en el 2014, y dejó ver que se esperaba que el INEGI diera a conocer sus cifras que podrían ratificar ese avance.

Esto, visto desde la óptica del gobierno, parece indicar que con la presidencia de Julio Santaella, el gobierno tiene un aliado en el INEGI y que así como sucedió con la pobreza, se espera que se destaque el avance en materia de violencia.

Y si ello es así, otro tanto tendría que suceder en el terreno del ingreso.

Si lo que se dice con la pobreza radica en el hecho de que los mexicanos mienten a la hora de declarar sobre sus ingresos, lo que resulta es que el ingreso en el país no es tan menor como se piensa. Esto claro está, apoya los dichos oficiales. Y por lógica, respalda la afirmación oficial de que se han logrado logros importantes en el terreno de salario.

La estrategia entonces es simple. Si la realidad no quiere entender los éxitos del gobierno, entonces se recurre a las computadoras del INEGI.

La pobreza se redujo de un solo teclazo. La violencia puede disminuir con el mismo método. Y ya puestos en esa ruta, el ingreso tendría que seguir en el campo de las mejoras.

Y con ello, el gobierno tendría las cifras que necesita para eventos como por ejemplo, el cercano Informe de Gobierno.

Por más que ese informe pueda quedar lejos de la realidad que padecen los mexicanos día con día.