norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

 

Manuel Velasco ha resultado el gobernador que todos esperaban: inexperto, ineficiente, frívolo y amigo de sus amigos que, por supuesto, no son necesariamente los chiapanecos y menos los indígenas de la entidad.

La problemática social del estado ni es nueva ni es algo que no formara parte de los debates al momento de la campaña electoral chiapaneca. Es más, fue la cuestión social de Chiapas parte fundamental de las promesas del joven mandatario.

Conocido por buena parte del electorado, en buena medida por su relación familiar con un personaje como el doctor Manuel Velasco Suárez, el mandatario logró una buena votación. El equipo electoral priista, puesto a su disposición gracias a su amistad con Enrique Peña Nieto fue fundamental en un triunfo que para nadie resultó una sorpresa.

No obstante, lo mismo en la campaña que al inicio del gobierno, lo que saltó a la vista fue, primero, el hecho de que las relaciones del gobernador no estaban totalmente ligadas al Estado. Sus apoyos llegaron en buena medida de fuera de Chiapas. Y ello no necesariamente fue del agrado de los políticos y empresarios de la entidad.

Después, fue evidente que tenía más interés en construir una imagen nacional fincada en campañas fuera del estado, que en resolver los retos sociales de su entidad.

Mostró al poco tiempo, el carácter irascible que le domina. Abofetear colaboradores en público fue un hecho que le obligó a disculparse, pero que no llevó a remediar la situación.

Así, la tensión en Chiapas simplemente se incubó. Se dejó correr el conflicto magisterial al que, por las razones que se quiera, no se entendió y menos se enfrentó. Y Chiapas se convirtió con Oaxaca, en una bastión de una disidencia magisterial que por el momento, ha rebasado al gobierno estatal.

Perdida la brújula y sin claridad en las acciones a seguir, el gobierno de Chiapas le apostó a las soluciones que desde el centro de la República se anunciaban para acabar con la CNTE. Incapaz de presentar un análisis propio y dedicado a Chiapas, Manuel Velasco quedó convertido en un rehén de su propia incapacidad.

Ahora, presionado por todos los frentes y con el viejo conflicto político religioso que ha enfermado al estado desde hace mucho, a punto de nuevos estallidos, el problema del magisterio se convierte en un detonante que nadie y menos el gobernados, fue capaz de entender.

Así, se inicia la etapa de las concesiones. Manuel Velasco cede y ante la demanda de la CNTE realiza el cambio de titular en la Secretaría de Educación Pública. Su imagen en las revistas del corazón, de poco le habrá de servir ante e tropezón que experimenta en estos días.

Pero el problema es mucho más serio.

La zona chiapaneca es se reconozca o no, un polvorín. Son muchos los agravios y demasiados los errores políticos. La tensión crece y la lentitud y falta de profundidad en las respuestas no permite suponer en soluciones de fondo.

Así, parece mucho más sencillo que el problema, como en otras entidades, crezca más antes de que se llegue a una verdadera ruta de acuerdos y negociaciones.

Dicho de otra manera, en el sureste parece que el país se encuentra mucho más cerca de una nueva versión del 1º de enero que de una verdadera solución a la tensión social.

Pero Manuel Velasco supone que basta con ser amigo del poder. Suponer que la amistad le resolverá los problemas. Y piensa que los chiapanecos soportarán aún más, la falta de capacidad y la ausencia de respuestas.

Y eso, según se puede ver, parece suponer demasiado.