Por Norberto DE AQUINO
La violencia que enfrenta el país y que mantiene un promedio de asesinatos que amenaza con rebasar los niveles del sexenio anterior, y la descomposición política que asoma por todos los frentes, pone en claro, se acepte o no, el fracaso de la forma en que se diseñó el desempeño de la presente administración.
Para nadie fue un secreto que de partida, el actual gobierno marcó dos rutas sobre las que se trabajaría a lo largo del sexenio: una económica, a cargo de Luis Videgaray, desde la Secretaría de Hacienda, y otra, a cargo de Miguel Angel Osorio Chong, que tendría la responsabilidad política y de seguridad.
El compromiso de Videgaray no tenía nada de difícil al momento de identificarlo. Lograr las metas resultaba lo complejo.
Enrique Peña Nieto había prometido acabar con el “mediocre crecimiento” que el país había mantenido y que se había recrudecido, según los priistas, en los doce años de gobiernos panistas.
Así, se prometió “poner en marcha, todos los motores de la economía”, para llevar al país a los niveles de crecimiento que le convirtieran en una potencia media. El optimismo estaba desatado. Hasta que la realidad puso las cosas en su lugar.
El diseño económico se fincó en las reformas estructurales. Y en una inversión extranjera que a final de cuentas, nunca llegó en los niveles anunciados.
Ahora, se habla de los efectos de la crisis del 2009, o de la situación europea. O de los problemas causados por China. O del poco crecimiento de los estados Unidos. Pero la verdad dice que el “crecimiento mediocre” que mantuvo el país bajo las administraciones panistas, es el mismo que se tendrá en el gobierno del PRI de EPN, a pesar de que siempre se presentaron como los que sí “sabían como hacerlo”.
Ahora, los indicadores dicen que en lo que resta del sexenio las cosas no mejorarán de manar sustancial. Y que para este año y el próximo, el crecimiento del PIB apenas rebasará el 2%. Lo mismo que se criticó en las dos pasadas administraciones.
El fracaso en claro. Y las promesas se han perdido en la nada.
Por lo que se refiere a la seguridad y el manejo político, la situación es totalmente clara. No hay resultados por ningún lado.
El manejo político es inexistente. No hay acuerdos. Las negociaciones con los grupos críticos no llevan a ninguna parte. Hay brotes de descontento a lo largo y ancho del país. La Iglesia Católica está abiertamente enfrentada al gobierno. Los empresarios, molestos con Hacienda, están en la línea de la confrontación y no escatiman crítica a la situación. Y el caso de la CNTE, provocado por la SEP, ha obligado al gobierno a dar pasos hacia atrás y a mostrar que no entiende las raíces del problema.
Pero si en lo político las cosas carecen de control y dejan ver la inexistencia de estrategias y acuerdos, en el terreno de la seguridad, la situación es peor, si ello es posible.
Las cifras dejan ver que, a poco más de tres años de gestión, el actual gobierno tiene registrados alrededor de 65 mil muertes. Si el ritmo se mantiene como hasta el momento, la actual administración tendrá al momento de terminar, un nivel superior a los más de 100 mil muertos que registró el gobierno de Felipe Calderón.
Dicho de otra manera, la seguridad no habrá dado resultado alguno.
Se puede por ejemplo, recordar que en Tamaulipas, Guerrero o Michoacán, se han puesto en marcha varios programas de seguridad. Siempre con el compromiso de “recuperar la tranquilidad” en esos estados. Y como en el resto del país, el fracaso ha sido la constante. Y ahora, el asesinato de alcaldes pone en claro la gravedad de la situación.
El diseño de la administración no dio resultados ya que, además de todo, lo que provocó fue una inmediata división en el gabinete, originada en el “alineamiento” de los integrantes del gabinete con tal o cual funcionario al que se le consideró como un fuerte aspirante a la candidatura presidencial priista.
Así, con el fracaso de los planes, el incumplimiento de las promesas y con la división interna causa por una muy adelantada pugna por la candidatura del PRI a la Presidencia de la República, Enrique Peña Nieto se encamina a su IV Informe de Gobierno.
Y las palabras no bastarán para remediar la situación.

