norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

 

Se sabía que Enrique Ochoa no tardaría mucho en tropezarse con sus propios discursos como líder del PRI. Lo que no se esperaba es que el tropezón sucediera tan rápido.

El dirigente del partido en el poder se reunió con periodistas. Y la realidad lo alcanzó. Es más, lo arrolló.

Apenas el sábado pasado, en Aguascalientes, el señor Ochoa dijo que su partido iría en contra de la corrupción de manera decidida. Y destacó que el 99.9% de los funcionarios públicos son honestos.

Y el lunes pasado, no encontró más justificante a los aumentos en las gasolinas, que culpar a los diputados por haber aprobado en el presupuesto de egresos para este año, una banda de más tres o menos tres, en el precios de los combustibles. Así, de un solo golpe de discurso, el señor Ochoa pretende, como dirigente del Revolucionario Institucional, que se olvide que fue el propio presidente Enrique Peña Nieto quien anunció, con bombo y platillo, el fin de los gasolinazos “que tanto dañan a la economía familiar”.

Es posible que el dirigente del PRI olvide las palabras presidenciales. O los compromisos de Luis Videgaray, titular de Hacienda. Pero no es lógico que suponga que la sociedad hará lo mismo.

Pero el problema no es sólo pretender olvidar los compromisos presidenciales. El problema es que el señor Ochoa ha puesto en la mesa, con toda claridad, lo que entiende por “rendición de cuentas” y la necesaria “nueva relación entre partido y gobierno”.

Este es el miso señor Ochoa que el sábado pasado, enfatizó la necesidad de que sea el PRI el que represente a la sociedad en sus demandas ante el gobierno. Es el mismo que ese día planteó la “relación moderna y democrática” entre el PRI y el gobierno.

Ahora, ante la interrogante simple para saber la reacción del partido en el poder ante el alza a las gasolinas que arrancó ayer, el líder del PRI encontró en los diputados, a los responsables del hecho por haber aprobado un margen de movilidad en las tarifas.

Pero aquí también se presenta un problema que, quiera o no, el señor Ochoa tendría que aclarar.

Como líder del PRI, César Camacho habló de que se labor se centraba en “construir el PRI de Enrique Peña Nieto”. Si el objetivo era ese, no se requiere de gran talento para entender que la actual Legislatura es, en la bancada priista, la representativa del peñismo puro. Y esta Legislatura arrancó en septiembre pasado. Y es la que aprobó, con mayoría del PRI y su aliado electoral el PVM, el presupuesto que tanto molesta al señor Ochoa.

Así, en base a su discurso en Aguascalientes, ¿no tendría que pedir explicaciones a sus diputados? ¿Si el daño al bolsillo de los automovilistas es obvio, no es aquí en donde el “nuevo PRI” tendría que demostrar que es capaz de abanderar las demandas de la sociedad?

La realidad ha puesto el nuevo dirigente partidista en su nivel. El que todos esperaban. No pasará de ser un empleado más del presidente de la República. Un encargado de aplicar las decisiones que se le ordenen. Y claro está, de hacerlo con la imagen de un partido “que defiende” a la sociedad.

Pero Enrique Ochoa no parece avanzar mucho en esta ruta.

Habla de modernidad, pero emplea los más acartonados trucos del priismo tradicional. Habla de democracia, pero encuentra responsables en todas partes, menos en donde realmente están. Quiere que se crea que abanderará causas populares, cuando en realidad llego a cargo para defender, a capa y espada, al gobierno que le llevó al poder.

Bastaron pocas horas para que el priismo en lo particular y los mexicanos en lo general, vean con toda claridad la misión del señor Ochoa.

Y esa misión se resume en pocas palabras:

Obedecer sin titubear.