Francisco Garfias
Dice Federico Arreola que estoy “mal” al separar los eventos de la gasolinería de Chilpancingo, ocurridos el 12 diciembre 2011, y “La Barbarie de Iguala”, el 26 de septiembre de 2014.
No le gustó ni tantito que no me tragara esa píldora ideológica de que la Medalla Belisario Domínguez para Gonzalo Rivas, el Héroe de la Gasolinería, es una “abierta provocación” de los senadores —así la llamó, no es broma— que se hizo “nada más por retar a los normalistas de Ayotzinapa”.
Me extraña que don Fede, hombre inteligente, al que le tengo respeto y gratitud, se adhiera a los profesionales de las tesis del complot. A ese grupo que, sin más argumentos que el sospechosismo que los caracteriza, pretende desvirtuar el gesto de Rivas con señalamientos de que es una insidiosa fabricación para estigmatizar a los normalistas que ese día se enfrentaron con la fuerza pública
Donde sí queda clara la intencionalidad es cuando esos maestros del rumor subrayan que el Héroe de la Gasolinería —así sin comillas—fue teniente de fragata de la Marina Armada. Como si eso fuese un delito o prueba de que no actuó de buena fe.
Ojalá mi querido Federico vaya más allá del papel de juez del bien y del mal que se adjudica, y ofrezca a sus lectores una razón más convincente que demuestre que premiar a Gonzalo es “criminalizar” a estudiantes de la normal Isidro Burgos.
No nos vaya a salir con el “choro” del senador Zoé Robledo, al posicionar al PRD ante el pleno de la Cámara alta en el debate sobre la adjudicación de la medalla.
Y es que al joven legislador chiapaneco se le olvidó que no fue el “desorden” que priva en el país el que mató a los dos normalistas que ese mismo día cayeron en los enfrentamientos con la fuerza pública, sino los policías de su correligionario y entonces gobernador de Guerrero, Ángel Heladio Aguirre.
Al posicionarse como lo hizo, Arreola minimiza las dos mil 657 firmas que reunió la organización Change.org para que le otorgaran el galardón al Héroe de la Gasolinería y a los 27 proponentes de esa candidatura, entre los que está un muy conocido suyo: Ciro Gómez Leyva.
Ya que estamos: Hay que reconocerle a Miguel Barbosa, coordinador de la bancada del PRD en la Cámara alta, el valor de votar en conciencia diferenciado de los perredistas. Él lo hizo a favor de que se le diera la medalla a Rivas, junto con la michoacana Iris Vianey Mendoza.
La mayoría de los amarillos presentes en la sala se abstuvo: Angélica de la Peña, Luis Humberto Fernández, Fernando Mayans, Raúl Morón, Zoé Robledo y Luis Sánchez. Otros, como Armando Ríos Piter, no se presentaron a votar. Los panistas Fernando Torres Graciano y Sylvia Leticia Martínez se abstuvieron también. En contra lo hicieron los petistas Manuel Bartlett y Layda Sansores, y el experredista Mario Delgado.
La votación final: 75 en favor, 3 en contra y ocho abstenciones.
- Los dos senadores Yunes del PRI —Héctor y José Francisco— están de acuerdo. Si la supuesta carta de Javier Duarte es auténtica, ya es nuevamente gobernador de Veracruz. No necesita permiso del Congreso local para retomar el cargo. Basta la supuesta misiva que se le atribuye para su reinstalación.
Si es el caso, no lo pueden detener. Tiene fuero. Puede moverse libremente. Hay orden de aprehensión y, en esas circunstancias, se le puede violar el debido proceso.
El interino Flavino Ríos dice que la carta es falsa.
Duarte se esfumó con su esposa. Lo hizo en un helicóptero que le facilitó el gobernador interino sin saber, dice, que tenía una orden de aprehensión. Su huida estaba anunciada. Antes de irse a la clandestinidad pasó cuatro días en su casa del Club de Golf de Xalapa, a 400 metros del aeropuerto, donde lo esperaban dos aviones. ¿Curioso, no?
- Al doctor José Narro, titular de la Secretaría de Salud, ya lo vemos en las encuestas sobre posibles candidatos presidenciales para 2018. Aparece con dos por ciento de las preferencias en la encuesta BGC-Excélsior sobre los aspirantes del PRI a la sucesión de Enrique Peña.
Hay gente que lo ve con muy buenos ojos dentro del partido. Es el caso del potosino Jesús Ramírez Stabros, priista de hueso colorado, otrora coordinador de vinculación de la Oficina de la Presidencia de la República. Está dispuesto a trabajar en favor de la candidatura del exrector de la UNAM sólo por identidad con el personaje “y aunque quede en décimo lugar”.
“Alguien que fue rector de la UNAM no puede ser ni pendejo, ni de derecha…”, nos dice el también exdiputado federal, muy cercano a Emilio Gamboa.
El también exlíder del sindicato de pilotos le ve muchas ventajas a una eventual candidatura de Narro: “es un hombre probo, capaz, preparado. Mantuvo tranquila a la universidad durante ocho años. Es el único candidato priista que podría entrar en la UNAM, a la que llevó a ser una de las universidades más reconocidas en el mundo”.
Pero, sobre todo, destaca, está vacunado contra los ataques de López Obrador. Su trayectoria es limpia.
¿El Bernie Sanders mexicano?, le preguntó la inteligente reportera de Imagen, Ivonne Melgar, al propio José Narro. “Si es por la edad, no. Él tiene 75 años y yo voy a cumplir 68”, reviró, con campechana vanidad, el secretario de Salud.

