Francisco Garfias
Le hice cuatro preguntas, fuera de grabadora, a un importante legislador del PRI, de ésos de la vieja guardia.
La primera, si honestamente pensaba que su partido podría retener la Presidencia de la República en 2018. Respondió con un “no”, seco y franco.
La segunda, si creía que López Obrador podría alzarse por fin con el triunfo en el 2018. “Es una posibilidad”, dijo.
La tercera, sobre quién le gustaría que abanderara al tricolor en la próxima contienda presidencial. “Narro”, repuso sin el menor titubeo.
¿Por qué?
“14 millones de chavos van a votar por primera vez y el exrector de la UNAM conecta muy bien con los jóvenes; es una cara diferente y tiene una trayectoria limpia,” respondió.
¿Y a usted lector, le gusta Narro como candidato?
- Una palabra define el estado de la famosa Ley de Seguridad Interior que el PRI y sus satélites quieren sacar en el Congreso este periodo de sesiones: incertidumbre.
No es seguro que las Fuerzas Armadas logren por fin esa protección jurídica que han buscado desde que Felipe Calderón los sacó de los cuarteles para combatir al narco, hace ya 11 años.
Las resistencias de la izquierda y de las organizaciones de derechos humanos no paran de crecer.
Dicen que se busca la militarización del país y que la nueva ley es para reprimir los movimientos sociales. El argumento permea en buena parte de la sociedad.
Hay, incluso, quien sostiene que esa ley es para disuadir a simpatizantes de López Obrador.
La creciente oposición angustia a César Camacho, coordinador de la bancada del PRI en San Lázaro. Quiere debatir ya la Ley de Seguridad.
- Legisladores de la Comisión de Gobernación en San Lázaro y los senadores del PRI, Cristina Díaz y Ernesto Gándara, se reunieron ayer con los secretarios de la Defensa, Salvador Cienfuegos, y de la Marina, Vidal Soberón, para hablar sobre el tema.
El cónclave fue en la cancha de los militares. Un diputado del PRI nos dijo que, además de protección jurídica a sus actividades en la calle, hay puntos muy polémicos en las leyes vigentes que ambos secretarios quieren que se corrijan.
Ejemplo: si hoy un militar disparara primero en un enfrentamiento con criminales, puede ser sancionado. Si el calibre del arma que lleva es superior al del criminal, también incurriría en falta.
“Eso pone a los soldados en situaciones muy difíciles”, puntualizó el diputado.
Después del encuentro vino el comunicado conjunto del Ejército y la Marina. Poca sustancia en pocas palabras.
- Nada que se decide Josefina Vázquez Mota respecto a su postulación como candidata del PAN al gobierno del Estado de México.
El PRI-gobierno le hizo la jugada perfecta, o mejor dicho perversa. Canalizó más de 900 millones de pesos a Juntos Podemos de ayuda a migrantes que encabeza la excandidata presidencial del azul –otrora adversaria de Peña Nieto–.
La tienen en sus manos. Si asoma la cabeza, le levantan el vestido.
Sus compañeros del PAN dicen que ése es el motivo por el cual no se define. No quiere que enloden su nombre.
El diputado del PAN, Ulises Ramírez, impugnó el acuerdo del CEN de elegir “por designación” al candidato. Está en rebelión. Se puso solo fuera de combate.
Buscamos a Garganta azul. Nos dijo convencido que el legislador va a pedir una senaduría, a cambio de reconocer el método de elección del candidato. “No se la van a dar”, puntualizó categórico.
Queda de opción José Luis Durán. El exalcalde de Naucalpan quiere ser otra vez candidato. En esas anda, junta adhesiones, no en la cúpula, sino en la base. Refuta la idea de que sólo con Josefina gana el PAN. Dice que es una versión que empuja el gobierno.
El PRD está en la calle. Se lo acabaron los aliados perredistas del PRI-gobierno en la entidad: la corriente de ADN y su líder Héctor Bautista. El gran ganón es Morena. El partido que preside López Obrador ha logrado penetrar en las clases medias. Su candidata en el Estado de México, Delfina Gómez, está bien posicionada en las encuestas.
- La fratricida disputa entre los hermanos Moreira puede hacer la diferencia a favor del PAN en las elecciones a gobernador en Coahuila. Rubén Moreira, actual mandatario, no para de hacer campaña por su candidato, Miguel Ángel Riquelme. Pero ni así logra despegarse de su adversario del PAN, Guillermo Anaya.
La última encuesta sobre preferencias electorales que hizo Reforma da un empate técnico: 46 para el priista, 44 para el panista.
La cosa se vería más tranquila para Riquelme si el exgobernador Humberto Moreira lo respaldara. Pero no va a suceder. Es el delfín de su hermano. A pesar de las múltiples acusaciones que ha enfrentado, Humberto mantiene su cota de popularidad en colonias y comunidades del estado. Un punto a favor del priista es la división que hay en el PAN. Los azules no se ponen de acuerdo en los momentos en que tienen la mejor oportunidad de arrebatarle el poder a los Moreira.
Y aunque Luis Fernando Salazar, aspirante derrotado, acabó por disciplinarse, el ambiente no es de unidad.
Otro obstáculo para el PRI es Javier Guerrero, un buen cuadro expriista, diputado federal con licencia. El hombre, vinculado a Beatriz Paredes, decidió jugársela como independiente al no poder hacer campaña en un partido donde todo estaba decidido. Los votos que logre Guerrero se le restan principalmente al tricolor.

