* En 2001 joven pareja de delfines nariz de botella  (“Miku” y “Rocko”) fue envenenada   con ácidos y otras sustancias; a la hembra  la descuartizaron y enterraron clandestinamente  en el delfinario Aletta Bey de Isla Mujeres. Un tercero ( Makaiko/ Fidel ) murió  tiempo  después  víctima de “trastornos mentales”.
POR XAVIER MÉNDEZ CAMACHO
(I)
La próxima semana se abre nuevamente el debate en el Congreso de la Unión respecto a la posibilidad de prohibir actos circenses de mamíferos marinos, principalmente delfines, en los llamados “delfinarios”.
De aprobarse la iniciativa de Ley promovida por el Partido Verde, el estado de  Quintana Roo sería el más afectado pues alberga a la mayoría de delfines en cautiverio a través de dos empresas: Dolphin Discovery, de Eduardo Albor  y Delphinus del grupo Xcaret encabezado por el arquitecto Miguel Quintana Pali.
Es negocio multimillonario.
Diputados locales, de filiación panista, se oponen a la aprobación  y dicen tener “razones de peso”. Las verdaderas razones de los legisladores son que los dueños de estos establecimientos  los han embarrado con billetes verdes para que aboguen con sus pares en la Cámara Baja a fin de impedir la aprobación de esta iniciativa que reforma la Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente (Legeepa) y la Ley General de Vida Silvestre (LGVS), y así prohibir el uso de animales en cualquier tipo de espectáculos -públicos o privados- en los que sean inducidos a realizar acciones fuera de su comportamiento natural.
Le voy a contar una historia “ con pelos y señales” para que usted, lector, saque sus conclusiones y decida si se debe dar marcha atrás a esta iniciativa, seguir teniendo a estos mamíferos en reclusión o dejarlos libres.  
MACABROS ASESINATOS
En 2001 una joven pareja de delfines nariz de botella  (“Miku” y “Rocko”) fueron envenenados con ácidos y otras sustancias. A la hembra la descuartizaron y enterraron clandestinamente  en el delfinario de Aletta Bey en Isla Mujeres. Otro más ( Makaiko/ Fidel ) murió  tiempo  después  víctima de “trastornos mentales” por la misma causa.
Siete años después de ocurridos estos hechos, en 2008, el juez segundo de Distrito de Quintana Roo, Alfonso Gabriel García Lanz  con sede en Cancún, decidió que estos crímenes no quedarían impunes  y  metió a la cárcel a dos de los implicados. Sin embargo fueron pocos los días que estuvieron presos porque no es delito grave matar delfines.  Salieron bajo fianza y a la fecha son libres, andan en la calle y de los delfines masacrados ya nadie se acuerda.
Es una historia de terror donde se entremezcla la ambición, la deshumanización por dinero, la violación impune a leyes ambientales y de bienes nacionales y  la explotación comercial brutal a la que fueron sometidos estos mamíferos marinos.
Pablo Fernando Pantoja Ibarra, en ese entonces gerente de Operaciones de la empresa Aquaword y Adrián Haces Calvo, representante general de Promonáutica S.A. de C.V. fueron detenidos por elementos de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) y recluidos en la Cárcel Pública Municipal por  “su presunta responsabilidad en la comisión de un delito ambiental en la modalidad de dañar a un mamífero marino” el primero,  y el segundo por dañar y privar de la vida a dos delfines, delitos sancionados en el artículo 420 fracción I del Código Penal Federal Vigente,  en hechos ocurridos en el delfinario Aletta Bay de Isla Mujeres en 2001 y 2002.
El 18 de Abril de 2007 la delegación regional de Procuraduría General de la República en Quintana Roo (AP/PGR/QROO/CAN/343/2006-III) identificó rostros y nombres de los que presuntamente participaron o coparticiparon en las muertes de la delfín “Miku” y el delfín  “Rocko” ocurridas en marzo y septiembre de 2001 en el delfinario “Aletta Bey” de Isla Mujeres y en las afectaciones cerebrales (lo volvieron loco) ocasionadas  al delfín “Fidel” o “Makaiko” que fue rescatado en Agosto de 2002 ya con daños irreversibles, llevado a un delfinario propiedad de Dolphin Discovery donde fue inútil su rehabilitación y murió enloquecido, solo,  en un estanque,  donde se pegaba a todas horas contra los muros como una forma de suicidio.
El agente del ministerio público federal solicitó orden de aprehensión al juez segundo de Distrito en materia penal, en contra de Germán Orozco Sarro ( propietario de Aquaword, Ultramar y otras empresas náuticas),Adrián Haces Calvo, Isauro Martínez Magaña, Alejandro Picón Omaña, Pablo Pantoja Ibarra, Marco Alejandro García Mollinedo y los uruguayos Guillermo y Gustavo  Rodríguez Ban. (La mayoría de estas órdenes de aprehensión nunca se cumplimentaron).
A través de testimonios documentados en el voluminoso expediente enmarcado en el proceso penal número 24/2007-II- y de la propia investigación del agente del Ministerio Público Federal,  reconstruí la historia de cómo los delfines ( hembra y macho) “Miku” y “Rocko”  pagaron las culpas de un pleito  entre Adrián Haces Calvo y sus socios que lo nombraron administrador general del delfinario Repsoticx Aletta Bey pero le perdieron la confianza por sentir que hacía prácticas fraudulentas y les robaba,  lo que propició que le cerraran el flujo de dinero para el mantenimiento de los delfines.
Por la forma en que se dieron los hechos todo parece indicar que Adrián Haces Calvo y Pablo Pantoja Ibarra, los dos en su momento responsables del delfinario en Isla Mujeres premeditadamente los llevaron a la muerte porque los animales se convirtieron en la disputa de los inversionistas que se enmarañaron en toda una serie de demandas legales por la posesión del lugar y de los cetáceos.
Los abandonaron y tiraron a su suerte. Fueron mal alimentados y en algunas ocasiones los dejaron sin comer. Ordenaron que trataran el agua de la alberca indebidamente con exceso de sustancias tóxicas -incluso hasta ácido muriático y methabisulfito de sodio contraindicado para ser utilizado en estanques donde se alojen delfines ya que es un tóxico por sí solo aunado a que al entrar en contacto con el agua provoca el desprendimiento de otros gases tóxicos- para enfermarlos y matarlos.
La Profepa tuvo conocimiento desde un principio y no hizo nada, hasta que fallecieron tras prolongado sufrimiento por infecciones bacteriológicas y virales que adquirieron los ejemplares en cautiverio.
El lunes le sigo contando esta terrible historia…