Francisco Garfias

 

Donald Trump es un “mentiroso” cuando dice que México exporta criminales y violadores a Estados Unidos. “Caricaturiza”, nos dice el ensayista y filósofo francés, Olivier Mongin.

Este hombre de 65 años emanado de lo que se llama la segunda izquierda rocardiana, visitante frecuente de tierras aztecas, opina que el nuestro es un país muy abierto, con una identidad cultural importante.

Ya encarrerado, revela su gusto por Octavio Paz y Carlos Fuentes, dos joyas de la literatura mexicana a los que conoció. “Tengo una imagen muy liberal de México, desde el punto de vista económico. Es una imagen también marcada por una fuerte identidad cultural. Nada tiene que ver con lo que dice el señor Trump”, recalcó.

Mongin es amigo cercano del sorprendente liberal Emmanuel Macron, quien apenas el domingo pasado asumió la Presidencia de Francia. Dirige la revista Esprit, donde el nuevo inquilino del Palacio del Elíseo ha escrito varios artículos.

El escritor y filósofo se revela como un defensor de Macron. Una y otra vez se esfuerza por contrarrestar el estereotipo de que es un banquero que todo lo ve desde el ángulo económico.

Es cierto que el Presidente francés trabajó en un tiempo con la familia Rothschild, una dinastía de banqueros de origen judío alemán, pero su mundo “es mucho más amplio”, dice.

Ilustra: el joven mandatario, de 39 años, fue asistente del mundialmente conocido filósofo Paul Ricoeur.

El Presidente de la República francesa colaboró, incluso, con la obra filosófica LaMemoria, historia y el olvido.

Macron tiene también varios artículos escritos en la revista Esprit. Olivier nos dice que el nuevo Presidente francés se presenta como un liberal. Es un nini de la política. “Su movimiento no es de izquierda ni de derecha”, recalca.

Macron se dio cuenta de la grave crisis que enfrenta la representación (partidista) en su país”, subraya.

En otras palabras, supo leer el hartazgo de los franceses con el sistema tradicional de partidos, y en una cómoda segunda vuelta derrotó las ideas antiinmigrantes, racistas y excluyentes, de la ultraderechista Marine Le Pen, del Frente Nacional. Entre los retos más difíciles del Presidente francés destacan el empleo y mantener unido al viejo continente, pero no bajo los lineamientos de Alemania.

“Tiene que ocuparse de Europa, antes de voltear hacia América Latina”, advierte. Macron no tiene cercanía con Enrique Peña. Sabemos, por la embajada francesa, que en el 2015 se reunió en París con Luis Videgaray, cuando el mexicano era secretario de Hacienda y él ministro de Finanzas.

El nuevo Presidente francés sabe, eso sí, de la relación complicada entre México y Estados Unidos, según el filósofo. Mongin está en México, a invitación de la embajada de Francia, para participar en un coloquio multidisciplinario sobre utopías urbanas en el que participan artistas, intelectuales, arquitectos.

  • La imagen ya es frecuente. Un cuerpo tirado a media calle, tapado con una manta azul, volteado el sombrero que llevaba puesto al momento de ser baleado.

En el fondo de la fotografía, una patrulla municipal atravesada en la avenida, dos bandas de “no traspasar” colocadas por la policía local en el lugar del asesinato.

El crimen se cometió ayer en Culiacán, Sinaloa. El muerto era un valiente periodista, uno más, que no se amedrentó ante los criminales ni sus cómplices en los gobiernos.

En vida llevaba el nombre de Javier Valdez Cárdenas. Era muy conocido localmente. Dirigía el semanario impreso RíoDoce. Era también corresponsal de La Jornada.

Su última colaboración en la columna Malayerba, que publicaba en el semanario, está fechada el día de ayer.

Se titula El Licenciado y habla del calvario que vivió un adicto en un centro de internamiento y de su tránsito hacia la venta del “perico” .

Valdez es autor del libro Narcoperiodismo. El 22 de septiembre del 2011 fue galardonado con el Premio Internacional de Libertad del Club de Protección de Periodistas.

Su discurso se lo dedicó a los periodistas valientes. Dijo textual:

“En Culiacán, Sinaloa, es un peligro estar vivo, y hacer periodismo es caminar sobre una invisible línea marcada por los malos, que están en el narcotráfico y en el gobierno. Un piso filoso y explosivo.

“Esto se vive en casi todo el país, uno debe cuidarse de todo y de todos…”, recalcó.

También se lamentó:

“En RíoDoce tenemos una soledad macabra. Nada de lo que publicamos tiene eco o seguimiento. Esa desolación nos hace más vulnerables”.

Y tuvo razón.

  • Ya se nos hizo costumbre leer sin inmutarnos la información sobre periodistas asesinados. No conmueve, no importa, no moviliza como debiera.

Después de cada asesinato, invariablemente, sigue el olvido… hasta que matan a otro. No pasa nada, más allá de las efímeras condenas.

¿Quién se acordará ya de Miroslava? ¿De Maximino? ¿De Ricardo? ¿De Moisés? ¿De Cecilio? Muertos todos en 2017.

Del 2000 a la fecha se han documentado 127 periodistas asesinados, según el Debate de Sinaloa. Veracruz destaca con 22.

¿Cuántos más tienen que caer para que cese la impunidad?

¿Cuántos más para que entiendan que matar al mensajero no silencia la verdad?