En el umbral

Por José Jiménez

Nos encontramos en el umbral de una etapa política en México. A unos días, que se suceden entre el 20 de noviembre de la revolución mexicana de 1910 y el 1 de diciembre para que al presidente electo se le tome protesta y se reinstaure el día del presidente, se tiene una tensión en aumento, una incertidumbre creciente y un creciente desgaste de figuras públicas al no atinar estar a la altura de la circunstancia.

Entre la sacudida de las bolsas de valores y los mercados con la amenaza de leyes mineras, regulación y cancelación de cobros por servicios bancaros por marcados abusos, la desaparición de poderes en caso político necesario, una nueva estructura de la administración pública con delegados vigilantes, se hace indispensable tener claramente  definida la agenda del gobierno federal y los estatales a cada caso.

Los rasgos cualitativos de la etapa por iniciar son: la configuración de una nueva hegemonía, que dicho con objetividad solo la logro tener, de acuerdo al momento, el régimen de partido de estado en sus mejores etapas –a su constitución, en el Cardenismo y al volverse institucional-; con una reconfiguración del sistema político en que se fue de un Nacionalismo revolucionario (1930-1982, en un corte amplio) con un capitalismo de estado, a un Neoliberalismo (1982-al momento), de un capitalismo de mercado, privatizador y de estado gendarme.

Otro de los rasgos, con que se altera sustancialmente el estado anterior, es el que se hace de lado al tripartidismo colaboracionista, con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Partido Acción Nacional(PAN), de la etapa del presidente Peña Nieto que mostro su máximo alcance con el llamado “Plan Pacto por México”. En una larga etapa se tuvo al bipartidismo cómplice PRI-PAN, este último en una oposición de derecha cuidadosa de no alterar el estado de cosas y beneficiarse de esa forma tanto en las decisiones políticas y económicas.

Tenemos así la nueva hegemonía de Morena, un partido con una  extraordinaria corta vida política y que en un tiempo record de cuatro años alcanza el máximo objetivo que debería tener todo partido político, al que algunos consideran una federación de grupos de extracción de otros partidos que si llevaron fuerzas de estos, también tarde o temprano mostrarán la naturaleza de su formación en ellos.

Así se tiene al Partido Morena (que se expresa como movimiento, más que como partido), a los integrantes de la coalición “Hagamos historia” con el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Encuentro Social (PES), integrando además de manera pragmática incorporando tanto al PRI como al Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y Partido Nueva Alianza (PNAL), así como los restos de otros partidos.

A riesgo de repetir el triste papel de un presidente llamado de la alternancia que con  todo el voto útil, en una conformación de alianzas contra natura ideológica de derecha e izquierda, llega al poder con la pretensión expresa para desmantelar el antiguo régimen, tanto en lo político como en lo económico, y que sin embargo decepciono al seguir un camino de continuidad. Un gatopardismo o a la versión mexicana, de la misma gata pero revolcada.

La parte más difícil para la administración que inicia, con el antecedente de los años de campaña y las dos ocasiones de casi llegar a la presidencia, se tiene en lo económico; aquí se tiene el dar sin más continuidad o desmantelar lo hecho por el modelo económico durante tres décadas –más notoriamente en el último sexenio- o en caso confrontar las políticas económicas neoliberales con un  modelo económico antítesis que coloca el mercado en otra dimensión, entrando a la regulación y el  reordenamiento, principalmente de la inversión externa, a dar preferencia a la producción y desarrollo interno y en que el estado asuma responsabilidades sociales restableciendo derechos y conquistas laborales, principalmente.

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