ALEJANDRO LELO DE LARREA

 

En Ixtlahuaca y Acambay, donde ayer estuvo el presidente Andrés Manuel López Obrador, es un secreto a voces. Unos lo ven así: “Los huachicoleros están coludidos con policías estatales y municipales”. Otros no ven una frontera: “Los policías son los huachicoleros”.

 

Y como en estos municipios, sucede más o menos lo mismo en los otros 89 que el gobierno ha detectado es donde ocurre la ordeña de ductos.

 

Los de abajo son los más afectados, y los de arriba los que menos riesgo llevan y más ganan: “son los que se llevan pipas, no garrafones”, como lo menciona López Obrador en forma genérica, sin dar nombres, pero con bastante claridad de a quiénes se refiere.

 

Ayer fue la primera gira de AMLO por los municipios que enfrentan el fenómeno del huachicoleo. Se encontró con gente atemorizada por lo que ocurrió el viernes en Tlahuelilpan y ya no quieren seguir con el hurto de combustible.

 

Eso ayuda, pero también que más del 90% de la población considera que su gobierno no tiene responsabilidad alguna en esa tragedia. La gente se va convencida del grave riesgo de incurrir en esta práctica ilegal.

 

Pero hay dudas: una señora dialoga con el reportero y se pregunta: “¿Qué vamos a hacer con los ductos? Hay uno detrás de mi casa, en mis terrenos, y estoy amenazada de que debo dejarlos sacar la gasolina”. Acaso aquí la autoridad podrá presionar con el tema de la extinción de dominio.

 

Lo que no es tan fácil y parece no haber un mecanismo que garantice eficacia, es que la gente a quien se beneficie con programas sociales no vaya a tomar el dinero del gobierno y seguir con la actividad ilegal.