ALEJANDRO LELO DE LARREA

 

Todavía está oscuro. Son las 6 de la mañana. La vigía de la caseta de entrada al Campo Militar 7-A en Apodaca, Nuevo León, pregunta al conductor de la camioneta: “¿Cuántos vienen de tropa?”. Y le responde: “No son militares, son periodistas. Vienen a la conferencia del Presidente”.

 

Ya en el salón principal del complejo militar todo está listo para la conferencia matutina (coloquialmente “mañanera”) del presidente Andrés Manuel López Obrador. El escenario, igual al de siempre en el Salón Tesorería de Palacio Nacional. Esta vez, hay unos 50 periodistas neoleoneses. Así el inicio de las giras de la conferencia mañanera. Como un rockstar con sus conciertos. Se elige este campo militar porque aquí celebra previamente López Obrador su reunión cotidiana de seguridad, a las 06:00. Presente el gobernador Jaime Rodríguez, El Bronco.

 

Las mañaneras, amadas por unos, odiadas por otros. Pero todo mundo habla de ellas. Ahí su rotundo éxito en términos de comunicación, de propaganda gubernamental. La prueba principal, las ganancias: la aprobación presidencial subió 12% desde el 1 de diciembre.

 

Producción de primera a bajo costo, como le gusta al Presidente. A cargo, el Centro de Producción de Programas Informativos y Especiales (Cepropie). El área ya existía en la estructura gubernamental y se aprovecha al máximo.

 

Desde la primera, el 3 de diciembre, esta es la mañanera que más tarde comenzó: a las 07:31 horas. Y la que menos duró: 1 hora 10 minutos. Colegas regiomontanos no pudieron preguntar. Se van decepcionados, como quien no alcanzó boleto para el concierto. Habrá otra oportunidad. “Nos vamos a seguir encontrando, vamos posiblemente a regresar a Nuevo León…”, promete López Obrador.