Por Santiago Argüero de Buen

Hace cerca de 30 años que en mi mente se cruzaban muchos pensamientos bombardeaban mi mente acerca de lo que mi futuro profesional tendría que marcar ruta.

Y pues bueno, como siempre el destino, las diosidencias o como mejor le quieran llamar, pero tuve una cita con el entonces director general de Comunicación Social de la otrora secretaría de Comunicaciones y Transportes Federal, Homero Cárdenas Garza, quien en su muy particular acento tamaulipeco me expresó “Mira, muchacho, para saber si algo es lo tuyo, porque no vienes unos días y pruebas si la comunicación es lo que buscas hacer el resto de tus días…”, y así los días se convirtieron en meses, años y décadas…

Todo el tiempo que he tenido la bendición de ejercer lo que hoy día es mi pasión, nunca fueron ajenos temas como el que hoy tenemos a boca de pensamientos o polémicas… la aviación; se inaugura el aeropuerto “Felipe Ángeles”, no se todavía si me cabe completamente en la cabeza el término de internacional, aunque documentos así lo avalen.

En los últimos años, corrió por mi sangre la adrenalina lo que es vivir de cerca y minuto a minuto lo que es un aeropuerto, me tocó desde estar codeando y sobreviviendo un caos de 250 mil almas al mismo tiempo, con bancos de niebla, lluvias torrenciales, inundaciones dentro de la terminal, un temblor y hasta sentirlo desolado por la pandemia que nos tiene en jaque los últimos años.

Creo que al viejo casi setentón del Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México (AICM), le caería mal que lo olviden de tajo, en ese espacio se han vivido muchas historias que no deben ni deberán borrarse sólo porque otras ideologías no tan compatibles no convergen en la política. Los que hemos sido testigos y protagonistas en este espacio nos gana la nostalgia cuando el espacio que nos hizo crecer, nos hizo temblar de impotencia, pero que al final del día, aprendimos, que la aeronáutica es un GRAN EQUIPO que va más allá de los pájaros metálicos y no nos da el permiso de “Dar el avión” sólo por que nos dé la gana.

Ya veremos, dijo el ciego… la historia del Felipe Ángeles no empezó bien en sentidos práctico, si la vida nos lo permite haremos una reflexión unos años después; pero sin lugar a dudas, sabemos que la aviación y la vida cambia constantemente, y muchas veces, con turbulencias como el 9/11 o la pandemia del COVID-19 es cuando se encuentran nuevas y muy diferentes maneras de volar.

Es entonces que me veo obligado a hacer un patrón de espera en la reflexión, ¿El aeropuerto Felipe Ángeles cumplirá con todo lo necesario para recobrar el nivel de excelencia y confiablidad en los parámetros internacionales que demanda esta actividad económica como es la aeronáutica? Las prospectivas y números a corto plazo no parecen ayudar mucho, pero démosle un voto de confianza, pero un llamado urgente de exigencia a ser realistas que la conectividad y otros temas medulares en este recinto aeroportuario demandan más allá de buenas y demagógicas intenciones.

Por ahora, me queda saber que mi nuevo plan de ruta desde febrero de 2021 es otro, pero eso sí nunca dejaré de agradecer a los Comandantes o jefes que me han enseñado a trazarme en mi vida cada día vuelos altos, mucho más altos.