El peso de Argentina tocó un nuevo piso histórico en el popular mercado informal, en un contexto de incertidumbre política a seis meses de elecciones presidenciales y de tensiones económica, agravadas por una histórica sequía que impactará las exportaciones de un líder mundial vendedor de granos.
La moneda alcanzó un mínimo histórico de 497 por dólar el martes en un circuito informal que ha prosperado en medio de fuertes controles oficiales al mercado de cambios. La cifra es muy inferior a los 400 pesos registrados hace solo una semana y muy lejos de 220 unidades del tipo de cambio oficial.
La caída tope intradiaria de 7,04% anotada fue la más fuerte en nueve meses. La brecha entre el cambio informal y oficial del 125% es la más alta desde agosto del año pasado.
La caída del peso agrega más presión sobre el Gobierno de Alberto Fernández para que devalúe la moneda, que es sostenida por la intervención del banco central (BCRA) que solo en marzo sumó más de 1.000 millones de dólares.
El propio BCRA debió salir a intervenir con fuerza para frenar el derrumbe del peso, una tendencia que se traslada a más presión sobre los precios minoristas y los golpeados bolsillos de los argentinos.
«Han abundado los rumores de una devaluación en Argentina desde que Fernández llegó a la presidencia. Sin embargo, a pesar de lo que la lógica económica sugeriría, no ha pasado», dijo Carlos de Souza, estratega de deuda de mercados emergentes y portfolio manager en Vontobel Asset Management.
«Me sorprendería mucho si este Gobierno devalúa la tasa de cambio oficial antes de la elección presidencial, pero es probablemente una de las primeras cosas que el próximo Gobierno tendrá que hacer».
Fernández dijo la semana pasada que no buscará ser reelecto en octubre, lo que podría darle protección para tomar una decisión que exacerbaría aun más la inflación, que ya corre a más de un 100% anual.
El ministro de Economía de Argentina, Sergio Massa, dijo el martes que el país informó al Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre las restricciones que sufre el país y dijo que las van a cambiar en una rediscusión del programa acordado.
En medio de una fuerte caída del peso en los últimos días, el funcionario dijo en Twitter que Argentina va a continuar buscando acuerdos con multilaterales, con exportadores y con el FMI para fortalecer las menguadas reservas del banco central.
ATRAPADO EN NEUTRAL
Datos reportados esta semana mostraron que la actividad económica mensual permaneció estable en febrero, incluso cuando se expandió 0,2% anualizado, mientras que la semana pasada la balanza comercial mostró un inesperado déficit de 1.100 millones de dólares, agregando presión a la moneda.
«A pesar de que la actividad subió en enero y permaneció estable en febrero, en nuestra evaluación la fuerte desaceleración vista a fines del 2022 continuará», dijo Sergio Armella, de Goldman Sachs, en una nota a clientes el lunes.
«Una mala cosecha, escasas reservas de divisas y controles a la importación, y viento en contra de una muy elevada inflación y crecientes desequilibrios y distorsiones macroeconómicas deberían mantener débiles a los datos de actividad real a lo largo del 2023».
Se espera que la actividad económica se contraiga 2,3% este año, la peor expectativa entre países del G20, con una inflación prevista en más de 100% para fin de año, según estimaciones medianas de economistas encuestados hace semanas.
En tanto, los indicadores negativos han enturbiado el agua en Buenos Aires. A la par del derrumbe del peso, han circulado rumores de una creciente presión política sobre el ministro Massa y el titular del banco central Miguel Pesce, obligando a funcionarios a salir a desmentir las versiones y actos públicos de solidaridad.
La economía de Argentina ha luchado para recomponer sus reservas de dólares mientras caen sus exportaciones agrícolas, hasta el punto de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) redujo una vara ya baja para la meta de reservas que forma parte de un programa de financiación de 44.000 millones de dólares.
JP.Morgan dijo el viernes que Argentina también incumplió su meta fiscal acordada con el FMI para fines de marzo y agregó que el Gobierno pedirá una exención formal del Fondo «como también una probable relajación de la meta anual de déficit primario del PIB de 1,9% para el 2023 en la próxima revisión».
Si bien los rumores de una devaluación están en el mercado, el impacto de corto plazo en una ya elevada inflación hacen de la medida un suicidio político a medio año de elecciones presidenciales.
Una devaluación «vendrá al costo de hacer subir aun más la inflación en el corto plazo, pero es necesaria para restaurar competitividad externa y ayudar a Argentina a hacer correr los superávit de cuenta corriente que necesita para recomponer sus reservas de divisas», dijo Kimberley Sperrfechter, economista especializada en Latinoamérica en Capital Economics en una nota.
Reuters

