En un mundo donde la movilidad y la interconexión se han convertido en elementos esenciales de la vida moderna, el turismo emerge como un poderoso motor económico, impulsando el empleo y la diversificación en diversas comunidades en todo el mundo. En 2019, el sector empleaba a una de cada diez personas a nivel global, según afirmaciones de la catedrática Alejandra Ceballos Mejía, del Centro Universitario Tenancingo de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx).

El turismo no solo ofrece oportunidades de empleo, sino que también puede beneficiar a grupos desfavorecidos, especialmente en áreas rurales. Según Ceballos Mejía, las mujeres, los jóvenes y los pueblos indígenas constituyen una parte significativa de la fuerza laboral en el sector turístico en comparación con la economía en su conjunto. Esto destaca el potencial del turismo para promover la inclusión social y económica en áreas que a menudo se ven marginadas de otras oportunidades de desarrollo.

Sin embargo, para aprovechar plenamente este potencial, es crucial invertir en las personas que forman parte de esta industria. La Organización Mundial del Turismo (OMT) ha subrayado la importancia de empoderar a los trabajadores del turismo y dirigir las inversiones hacia el desarrollo humano y sostenible. En palabras de Ceballos Mejía, esto implica acciones que fomenten la conciencia y la responsabilidad en todas las facetas de la industria turística, incluyendo su impacto en el entorno físico, social y medioambiental.

La pandemia de COVID-19 ha sido un punto de inflexión para el turismo a nivel mundial. Ha obligado a la industria a replantearse su enfoque y prioridades, destacando la necesidad de inversiones orientadas hacia las personas, el planeta y la prosperidad. En lugar de simplemente perseguir el crecimiento económico a cualquier costo, se ha hecho evidente la importancia de adoptar soluciones innovadoras y sostenibles que promuevan el desarrollo equitativo y respetuoso con el medio ambiente.

En este sentido, Ceballos Mejía hace un llamado a la acción para que la comunidad internacional, los gobiernos, las instituciones financieras y los inversores del sector privado se unan en la creación de una nueva estrategia de inversión turística. Esta estrategia debería centrarse en tres pilares fundamentales: invertir en educación y habilidades para las personas, desarrollar infraestructuras sostenibles para el planeta y fomentar la innovación y el emprendimiento para la prosperidad económica.

Esta visión integral del turismo no solo garantiza un crecimiento económico sostenible, sino que también promueve la inclusión social, la conservación del medio ambiente y el bienestar general de las comunidades locales. En un momento en que el mundo se enfrenta a desafíos cada vez más complejos, el turismo tiene el potencial de ser una fuerza positiva para el cambio, siempre y cuando se gestione de manera responsable y equitativa.