En el corazón de las juventudes mexiquenses late una necesidad insaciable de conectividad digital, un lazo invisible que los ata a la vasta red de información y relaciones que es internet. Sin embargo, tras esta fachada de interacción constante, se ocultan dinámicas emocionales y sociales complejas que están transformando la forma en que percibimos y experimentamos nuestras relaciones interpersonales.
Recientemente, en la Facultad de Geografía de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), la egresada Luz María Velázquez Reyez arrojó luz sobre este fenómeno en su charla titulada «Violencia en redes sociales». Acompañada por destacados representantes universitarios, Velázquez Reyez compartió hallazgos alarmantes derivados de una investigación que involucró a más de seis mil jóvenes del Estado de México.
Uno de los datos más sobresalientes es que el 76 por ciento de los encuestados afirmaron sentirse más felices cuando están utilizando sus teléfonos celulares. Este dato, en apariencia inocuo, esconde una realidad más profunda: el bienestar de las juventudes mexiquenses parece estar intrínsecamente ligado a la percepción que los demás tienen de ellos en las redes sociales.
Lamentablemente, esta conexión digital también ha dado lugar a un fenómeno preocupante: la violencia digital. Según Velázquez Reyez, las mujeres y las personas de la diversidad sexual son los grupos más afectados por esta forma de violencia, que puede manifestarse desde el ciberacoso hasta prácticas tan perniciosas como el body shaming, donde se ridiculiza la apariencia física de las personas.
En un contexto donde las redes sociales se han convertido en el epicentro de nuestras interacciones sociales, el ciberacoso se erige como una sombra ominosa que amenaza la integridad emocional y psicológica de muchos jóvenes. Velázquez Reyez subraya que esta forma de violencia puede tener consecuencias devastadoras, incluso llevando a algunos individuos a contemplar el suicidio como única salida ante el acoso constante.
Es evidente que la ciberviolencia no es un fenómeno aislado; es el reflejo de dinámicas sociales arraigadas que perpetúan desigualdades y discriminación de género. Como advierte Velázquez Reyez, existe un claro sesgo de género en la violencia digital, con las mujeres y personas no binarias siendo los blancos principales de ataques cibernéticos.
Ante este panorama desolador, la exhortación de Velázquez Reyez a la comunidad universitaria no podría ser más oportuna. Es crucial cuestionar y desafiar los mandatos de género que subyacen en nuestras interacciones digitales y, en última instancia, en nuestras relaciones interpersonales. Solo mediante un esfuerzo colectivo por desmontar estos estereotipos y prejuicios arraigados podremos construir un entorno digital más seguro y equitativo para las juventudes mexiquenses y más allá.
La charla de Luz María Velázquez Reyez ha puesto de relieve la urgencia de abordar la violencia digital como un problema central en la vida de las juventudes mexiquenses. Es hora de reconocer el poder transformador de nuestras interacciones en línea y trabajar juntos para crear un entorno digital que promueva la empatía, el respeto y la igualdad.


