La educación en México enfrenta grandes retos, no solo en términos de acceso y calidad, sino también en la manera en que se evalúa el aprendizaje de los estudiantes. Así lo señaló Elva María Maya Márquez, docente de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), en su artículo “La educación y sus tropiezos”, publicado en la Revista Universitaria.

En su análisis, la académica critica la dependencia de pruebas estandarizadas, como la Prueba PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes), para medir el desempeño estudiantil en el país. Este examen, aplicado en 81 naciones, se presenta como un estándar global para evaluar habilidades en áreas clave como lectura, matemáticas y ciencias. Sin embargo, Maya Márquez argumenta que los resultados obtenidos no reflejan la realidad educativa mexicana debido a la falta de parámetros adecuados para contextos locales.

De acuerdo con Maya Márquez, el enfoque universalista de la prueba PISA no toma en cuenta las diferencias culturales, económicas y sociales entre los países participantes. “No se puede esperar el mismo avance de estudio en un niño de México que en un niño de Finlandia”, señala la autora, haciendo énfasis en que las condiciones de aprendizaje están fuertemente influenciadas por factores externos al ámbito académico.

Uno de estos factores es la pobreza, que afecta al 43.4% de la población mexicana, según datos citados por la docente. Este contexto limita significativamente el desarrollo cognitivo y las oportunidades educativas de millones de niños en el país. Además, las preguntas de la prueba suelen estar descontextualizadas, empleando términos o escenarios que resultan ajenos para los estudiantes mexicanos, lo que dificulta que elijan la opción correcta, incluso si comprenden el concepto subyacente.

Para Maya Márquez, los problemas que enfrenta la educación mexicana no pueden ser atribuidos exclusivamente a una sola parte. En su artículo, subraya que el sistema educativo presenta deficiencias estructurales que afectan a todos los actores involucrados: maestros, estudiantes, padres de familia y autoridades. Lejos de buscar culpables, la autora aboga por una reflexión colectiva que permita entender las limitaciones de los actuales métodos de evaluación y avanzar hacia soluciones cooperativas.

Su propuesta central es trabajar en un cambio sistémico que involucre a todos los sectores educativos. Esto implica replantear no solo el tipo de pruebas que se aplican, sino también el propósito de las mismas, buscando que sean herramientas que realmente apoyen el aprendizaje en lugar de ser un mecanismo punitivo o descontextualizado.

El artículo de Maya Márquez destaca la necesidad de adaptar los instrumentos de evaluación a las realidades locales y de construir un sistema educativo más inclusivo, sensible a las condiciones socioeconómicas de los estudiantes. La autora llama a un cambio de enfoque que no solo considere los resultados de las pruebas, sino también las historias y contextos detrás de ellos.

En un país tan diverso y complejo como México, el camino hacia una educación de calidad pasa por reconocer las particularidades de sus estudiantes y adaptar las estrategias pedagógicas a sus necesidades. Maya Márquez invita a los lectores a reflexionar sobre estos retos y a buscar soluciones conjuntas para transformar el sistema educativo.

Para quienes deseen profundizar en este análisis, el artículo completo está disponible en la Revista Universitaria, donde la autora explora a fondo estos puntos y ofrece una perspectiva crítica y propositiva.