Aunque tradicionalmente la violencia de género se asocia con las agresiones hacia mujeres derivadas de su condición biológica, este fenómeno también impacta a hombres y a personas con identidades no binarias, aunque rara vez se les reconoce como víctimas. Así lo sostienen Zayra Guadalupe Gutiérrez Bernal y Aristeo Santos López, investigadores de la Facultad de Ciencias de la Conducta de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), en su artículo Entre el silencio. Violencia de género hacia los hombres, publicado por la Revista Universitaria.
Los especialistas definen la violencia de género como cualquier agresión física, psicológica, económica o sexual, fundamentada en normas sociales desiguales, el abuso de poder y los prejuicios de género. En este contexto, afirman que es urgente erradicarla y prevenirla en todas sus formas, incluyendo aquellas que afectan a los hombres, quienes muchas veces permanecen en el anonimato por miedo al estigma o la burla.
Uno de los principales cuestionamientos que guían su análisis es: ¿por qué no se habla de la violencia de género cuando afecta a los hombres? La respuesta, apuntan, se encuentra en los rígidos roles sociales que desde la infancia moldean el comportamiento masculino. En el caso de México, los hombres son educados bajo valores que exaltan la virilidad: fuerza, valentía, competencia, autocontrol y tolerancia al dolor. Cualquier desviación de estos estereotipos puede ser considerada una amenaza a su identidad, lo que hace que muchas agresiones sufridas queden sin ser nombradas ni reconocidas.
Este tipo de condicionamiento cultural lleva a que las manifestaciones de violencia hacia los hombres se normalicen o se minimicen. Según el estudio de Gutiérrez Bernal y Santos López, apenas el 4% de los hombres víctimas de violencia de género denuncian sus casos, lo cual no solo invisibiliza el problema, sino que contribuye a su perpetuación. En realidad, las cifras podrían ser mucho mayores.
La violencia hacia los hombres se presenta de diversas formas. Desde chistes sexistas y “juegos” incómodos entre amigos hasta presiones sexuales para demostrar virilidad, pasando por la prohibición de ciertas conductas que no se consideran “masculinas”, como llorar, vestirse de determinada manera o elegir carreras y actividades artísticas. Estos actos, aunque aparentemente inofensivos, generan profundas afectaciones emocionales y perpetúan una estructura social violenta.
Para los autores, el silencio que rodea esta problemática es resultado directo de una sociedad que premia la dureza emocional en los hombres y castiga cualquier muestra de vulnerabilidad. Esta cultura de la represión, además de afectar la salud mental de quienes la padecen, impide la construcción de relaciones más equitativas y respetuosas entre géneros.
Zayra Gutiérrez y Aristeo Santos hacen un llamado urgente a las instituciones educativas para que promuevan una cultura de prevención y reconocimiento de todas las formas de violencia de género, sin importar quién sea la víctima. Subrayan la importancia de construir espacios seguros en donde hombres y mujeres, sin importar su identidad de género, puedan expresar sus emociones y denunciar cualquier tipo de agresión.
Asimismo, abogan por una transformación cultural que desmonte los estereotipos tradicionales de masculinidad y que fomente el respeto, la empatía y la equidad como valores fundamentales desde las primeras etapas de la educación.
“Es necesario dejar de pensar que la violencia de género tiene un solo rostro. Nombrar lo que duele, aunque parezca insignificante o poco habitual, es el primer paso para sanar”, concluyen los investigadores.
El artículo completo está disponible en la Revista Universitaria de la UAEMéx:

