En entrevista, la senadora priista Carolina Viggiano lanzó una serie de señalamientos que sacuden las bases de la política oficialista. Su voz, afilada y sin ambages, se sumó a los crecientes reclamos sobre el comportamiento de Morena en el Senado, donde —según ella— se ha instaurado un blindaje institucional para proteger a figuras clave como Adán Augusto López.

La conversación inició con cuestionamientos sobre la indefinición en la Junta de Coordinación Política, pero rápidamente escaló hacia lo que Vigiano considera un patrón de encubrimiento sistemático:

“Aquí en el Senado sigue la duda de qué va a suceder con el coordinador de la Junta… porque hay gente que opina de las decisiones de cada bancada. Y claro que Morena tiene que entrar en ese debate, pero ellos no aceptan crítica. Usan el ‘no está solo’ como consigna aquinista, para arropar a un hombre.”

Ese “hombre”, según Viggiano, es Adán Augusto López, exsecretario de Gobernación, quien enfrenta señalamientos graves pero se mantiene intocable. La senadora argumenta que Morena ha optado por encubrirlo pese a las pruebas que —en su visión— lo acercan más al perfil de un delincuente que al de un servidor público ejemplar:

“Morena actuó como tapadera de Adán Augusto, de un delincuente prácticamente. Por un lado trabajan, y por el otro lado dan el ejemplo de pacto de impunidad. Si fueran congruentes, ya habrían pedido su renuncia.”

Con estas frases, Viggiano no sólo denuncia el encubrimiento, sino la doble moral que —según ella— rige el actuar oficialista. Mientras se exige pulcritud a los adversarios, se ofrece cobijo político a los propios.

La entrevista revela el escepticismo creciente dentro del Senado, donde la promesa de no ser iguales parece haberse convertido en una consigna vacía. Para Viggiano, el poder se ha replegado en sus propias filas, protegido por eslóganes que ocultan prácticas de opacidad.