Acapulco, Guerrero, 23 de agosto de 2025. La presidenta Claudia Sheinbaum inauguró este sábado el Marinabús, un nuevo sistema de transporte marítimo que conectará Puerto Marqués con el Zócalo de Acapulco. Presentado como un proyecto de movilidad sustentable y recuperación económica, el buque operado por la Secretaría de Marina fue abanderado en medio de discursos que celebran la “esperanza” y el “futuro” del puerto.
Pero detrás del acto oficial, persiste una pregunta incómoda: ¿es el Marinabús una solución estructural o un símbolo de reconstrucción superficial? El proyecto forma parte del programa Acapulco se Transforma Contigo, impulsado tras los huracanes Otis (2023) y John (2024), que devastaron viviendas, hospitales y escuelas. A casi un año de los desastres, el gobierno presume avances, pero la recuperación sigue incompleta.
El Marinabús, con capacidad para 90 pasajeros, velocidad de 17 km/h y operado por 11 tripulantes, representa una inversión en imagen más que en infraestructura social. Mientras se inaugura un catamarán turístico, miles de familias siguen esperando la reconstrucción de sus hogares, el restablecimiento de servicios básicos y la rehabilitación de escuelas colapsadas.
La mandataria aseguró que el transporte “beneficiará a miles de personas en sus traslados diarios, impulsará el turismo y fortalecerá la economía local”. Sin embargo, especialistas advierten que el modelo de reconstrucción privilegia zonas turísticas y proyectos visibles, mientras se posterga la atención a colonias marginadas y comunidades sin acceso a servicios.
El Marinabús no es solo un buque: es una narrativa. Una que busca mostrar que Acapulco está “vivo, fuerte y lleno de futuro”. Pero la realidad exige más que símbolos: exige justicia, inversión equitativa y reconstrucción con rostro humano.

