Ciudad de México, 28 de agosto de 2025. En un episodio que revela el desgaste político y la carga simbólica que acompaña al coordinador de Morena en el Senado, Adán Augusto López Hernández fue interceptado por gritos ciudadanos mientras rodeaba la vieja Casona de Xicoténcatl, sede alterna del Senado de la República.

Durante cuatro vueltas consecutivas al perímetro del recinto, testigos y reporteros registraron una serie de gritos que lo señalaron directamente: “¡Ahí va el de La Barredora!”, “¡Saludos a La Barredora!”, “¡Es el jefe de La Barredora!”. Las frases, repetidas con tono irónico y acusatorio, hacen referencia a los señalamientos que vinculan al político tabasqueño con la organización criminal conocida como La Barredora, a través de su exsecretario de Seguridad en Tabasco, Hernán Bermúdez Requena.

El episodio ocurre en medio de una crisis política que ha colocado a López Hernández en el centro del debate legislativo. La oposición, encabezada por la senadora Lilly Téllez, ha exigido su salida del Senado, acusándolo de operar como “padrino político” de la organización criminal. Aunque el morenista ha evitado declaraciones públicas, su presencia en el recinto ha generado tensión, confrontaciones y ahora, expresiones espontáneas en la vía pública.

La escena en Xicoténcatl no es menor. La vieja casona ha sido históricamente símbolo de deliberación republicana, y hoy se convierte en escenario de una narrativa que mezcla política, crimen organizado y exigencia de justicia. Los gritos no fueron aislados: fueron eco de una ciudadanía que observa, señala y no olvida.

Adán Augusto, rodeado por escoltas y sin emitir palabra, continuó su recorrido sin responder a los señalamientos. Pero el mensaje quedó en el aire: la calle también legisla, y la memoria pública no se barre.