Hay personas cuya presencia ilumina no sólo por lo que dicen, sino por lo que representan. Tal es el caso de Servando González Muñoz, quien recientemente ofreció una conferencia memorable ante el Club Rotario Plateros Centro Histórico, titulada “Cine y Relaciones Públicas”. Más que una charla, fue un recorrido apasionado por cinco décadas de trabajo, reflexión y compromiso con la comunicación social en México.

Con la energía intacta de quien nunca ha dejado de aprender ni de compartir, Servando se presentó como lo que es: un referente vivo de la relación entre el cine y la construcción de identidad nacional. Su exposición combinó teoría y práctica, pero sobre todo, experiencia. Porque si alguien ha vivido el cine como herramienta de diálogo, memoria y promoción cultural, es él.

Y como bien se dice, “de casta le viene al galgo”. Servando es hijo del ilustre cineasta don Servando González, director de más de 30 películas que marcaron época, entre ellas “Viento Negro” y “El Último Túnel”. Esa herencia no fue sólo genética, sino ética y profesional. Ambos, padre e hijo, han dejado huella en el país a través de imágenes que narran, conmueven y convocan.

Durante la conferencia, Servando compartió ejemplos concretos de cómo el cine ha sido utilizado para fortalecer el orgullo nacional, difundir el arte, preservar la historia, promover la educación pública y proyectar al mundo nuestras tradiciones, paisajes y talentos. Habló de la pantalla como un espejo que nos devuelve lo mejor de nosotros mismos, y como una ventana que invita al mundo a conocer a México.

Las imágenes que proyectó fueron un homenaje a las grandes figuras del cine nacional: desde las bellas artistas mexicanas hasta íconos como Mario Moreno “Cantinflas”, pasando por los rostros entrañables de la época de oro y las décadas posteriores. Cada fotograma era una cápsula de memoria, una celebración de lo que somos y de lo que hemos compartido con el mundo.

La audiencia rotaria quedó encantada. Como se dice coloquialmente, “con la miel en la boca”. Y no era para menos: Servando no sólo habló, sino que conectó. Respondió preguntas con generosidad, compartió anécdotas con humor y profundidad, y dejó claro que su vocación sigue intacta.

Acompañado por su esposa Georgina y su hija Marianela, así como por numerosos invitados, Servando González Muñoz demostró que el cine y las relaciones públicas no son sólo profesiones, sino trincheras desde las cuales se puede servir a México. Su paso por empresas privadas y dependencias gubernamentales ha estado marcado por una constante: pensar en México, trabajar por México, comunicar para México.
Hoy celebramos no sólo su trayectoria, sino su espíritu. Porque Servando González Muñoz es, ante todo, un hombre que ha sabido poner su talento al servicio de la identidad, la cultura y el orgullo nacional. Y eso, en estos tiempos, vale oro.