Washington D.C., 8 de octubre de 2025
El exdirector del FBI, James Comey, se declaró no culpable este miércoles ante un tribunal federal en Alexandria, Virginia, donde enfrenta cargos por declaración falsa ante el Congreso y obstrucción de justicia. La acusación, impulsada por el presidente Donald Trump, ha desatado una ola de críticas sobre el uso del sistema judicial como herramienta de represalia política.
Comey fue imputado por haber negado, durante una comparecencia en 2020, que autorizó filtraciones a la prensa sobre la investigación de los presuntos vínculos entre la campaña de Trump en 2016 y el gobierno ruso. La fiscal responsable del caso, Lindsey Halligan, fue nombrada por Trump tras la renuncia forzada del fiscal Erik Siebert, quien se negó a presentar cargos por falta de pruebas suficientes.
Durante la audiencia, el abogado de Comey, Patrick Fitzgerald, anunció que presentará varias mociones para desestimar el caso, argumentando que se trata de una “persecución selectiva y políticamente motivada”. La defensa sostiene que el nombramiento de Halligan —exabogada personal de Trump— como fiscal federal interina, carece de legitimidad y evidencia una intención de venganza presidencial.
Comey, quien fue despedido por Trump en 2017 mientras dirigía la investigación sobre la interferencia rusa, ha sido un blanco constante del mandatario. En redes sociales, Trump celebró la imputación como “justicia en Estados Unidos” y calificó a Comey como “uno de los peores seres humanos”.
En un video publicado tras la audiencia, Comey declaró: “No tengo miedo, y espero que ustedes tampoco. Mi corazón está roto por el Departamento de Justicia, pero confío plenamente en el sistema judicial federal”.
El juicio con jurado está programado para el 5 de enero de 2026, y podría convertirse en uno de los procesos más emblemáticos sobre la independencia judicial en Estados Unidos. De ser declarado culpable, Comey enfrentaría hasta cinco años de prisión por cada cargo.

