Texcoco, Estado de México.– Frente a los desafíos globales que enfrenta la humanidad —crisis climática, desigualdad social, agotamiento de recursos naturales, pérdida de identidades culturales y mercantilización de territorios—, el turismo también se encuentra en un punto de inflexión. Esta reflexión fue el eje central del Cuarto Congreso de Estudios y Prácticas del Turismo “Crisis civilizatoria y posibles soluciones desde enfoques alternos”, realizado en el Centro Universitario Texcoco de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx).
El evento académico reunió durante varias jornadas a investigadores, académicos, estudiantes, organizaciones sociales, dependencias gubernamentales y representantes del sector privado, quienes coincidieron en que urge replantear el turismo desde modelos más justos, sustentables y respetuosos de la vida en todas sus dimensiones.
El congreso, organizado por la Licenciatura en Turismo del Centro Universitario UAEM Texcoco, se consolidó como un foro interdisciplinario de reflexión y diálogo que superó expectativas en participación y alcance académico. En modalidad híbrida, registró 941 asistentes, quienes interactuaron de manera presencial y virtual en mesas de análisis, conferencias magistrales y presentación de experiencias.
Participaron más de 15 instituciones académicas nacionales e internacionales, entre ellas:
- Universidad Autónoma de Baja California (UABC)
- Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP)
- Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas
- El Colegio de Tlaxcala
- Universidad Intercultural del Estado de Puebla (UIEP)
- Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH)
- Universidad Federal de Pará, Brasil
- Universidad de Santiago de Compostela, España
Además, se sumaron colectivos comunitarios y cooperativas turísticas rurales, cuyas experiencias aportaron una visión territorial y situada del turismo alternativo.
El programa académico estuvo encabezado por tres especialistas reconocidos en América Latina por su compromiso con el pensamiento crítico:
- Alfonso González Damián, presidente de la Academia Mexicana de Investigación Turística (AMIT), reflexionó sobre los límites del turismo convencional y criticó la dependencia económica de este sector en modelos extractivistas que degradan ecosistemas y culturas locales.
- David Vargas del Río, experto en Ecología Política, analizó el impacto del turismo neoliberal en los territorios y subrayó la necesidad de construir alternativas desde la justicia ambiental y social.
- Eduardo Sandoval Forero, referente de los Estudios Decoloniales, profundizó en el papel del turismo como práctica que puede reproducir relaciones coloniales o, por el contrario, recuperar saberes ancestrales y fortalecer la autonomía comunitaria.
A lo largo del congreso se presentaron más de 40 ponencias que abordaron enfoques innovadores del turismo:
- Turismo alternativo y regenerativo
- Gestión comunitaria del territorio
- Ecofeminismo y turismo
- Prácticas cooperativas y economía solidaria
- Turismo gastronómico como estrategia de conservación
- Experiencias de turismo biocultural indígena
Las mesas de trabajo impulsaron discusiones que trascendieron lo teórico y se conectaron con experiencias reales implementadas en comunidades de Chiapas, Puebla, Hidalgo, Oaxaca y el Estado de México. De esta forma, el congreso se convirtió en un laboratorio de pensamiento y acción que reivindica el turismo como instrumento de transformación social y cuidado de la vida.
Los organizadores señalaron que los vínculos creados durante el encuentro permitirán continuar proyectos de investigación y cooperación interinstitucional en los próximos años. Se acordaron encuentros académicos regionales, publicaciones colectivas y proyectos formativos que beneficiarán a estudiantes y comunidades rurales involucradas en el turismo alternativo.
El evento también fortaleció las líneas de investigación turística crítica del Centro Universitario UAEM Texcoco, que se posiciona como referente nacional en estudios sobre turismo sostenible, comunitario y con enfoque social.
El Congreso concluyó con un llamado colectivo: reconfigurar el turismo no como un negocio extractivo, sino como práctica ética y socialmente responsable que contribuya al bienestar de las comunidades y a la defensa del territorio frente a la crisis civilizatoria.

