Tokio, Japón — En un giro político de alto impacto, el gobierno del primer ministro Shigeru Ishiba presentó su dimisión en pleno, en vísperas de la votación parlamentaria para elegir al nuevo jefe de Gobierno japonés. La decisión, confirmada por la agencia Kyodo, marca el cierre de una administración debilitada por los malos resultados electorales y la pérdida de mayoría parlamentaria, que derivaron en una crisis interna dentro del gobernante Partido Liberal Democrático (PLD).
La renuncia de Ishiba, quien asumió el cargo en 2024 tras relevar a Fumio Kishida, responde a la presión acumulada por los comicios de julio, en los que la coalición oficialista perdió el control de la Cámara Alta, sumándose a una derrota previa en la Cámara Baja. Esta situación dejó al Ejecutivo en una posición de vulnerabilidad legislativa, obligándolo a depender de acuerdos con una oposición fragmentada.
En este contexto, la atención política se centra en Sanae Takaichi, quien el pasado 4 de octubre fue electa presidenta del PLD, convirtiéndose en la primera mujer en liderar el partido desde su fundación. De confirmarse su nombramiento en la votación parlamentaria programada para el 21 de octubre, Takaichi se convertiría en la primera mujer en la historia de Japón en ocupar el cargo de primera ministra.
Sin embargo, el camino hacia su confirmación se ha complicado tras la ruptura de la coalición entre el PLD y el partido Komeito, su socio político desde 1999. La salida de Komeito, motivada por desacuerdos con la línea conservadora de Takaichi y escándalos de financiación irregular, ha dejado al PLD sin mayoría parlamentaria, obligando a buscar nuevos aliados para asegurar la votación.
Takaichi, de 64 años, exministra del Interior y figura del ala dura del partido, ha iniciado conversaciones con el Partido de la Innovación (Ishin) y el Partido Democrático para el Pueblo (PDP), en un intento por consolidar una nueva mayoría que le permita asumir el liderazgo del país. Su eventual nombramiento abriría una nueva etapa en la política japonesa, marcada por el liderazgo femenino y por el reto de gobernar en un entorno de alta fragmentación legislativa.
La transición ocurre en un momento clave para Japón, que enfrenta desafíos económicos derivados de la inflación persistente, la necesidad de aprobar un presupuesto suplementario y una agenda diplomática intensa, con la cumbre de la ASEAN y una visita oficial del presidente de Estados Unidos programadas para finales de octubre.
La votación parlamentaria será decisiva no solo para definir el nuevo liderazgo del país, sino también para establecer el rumbo político de Japón en medio de una reconfiguración de alianzas y una creciente demanda de estabilidad institucional.

