El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se deslindó del uso de los activos rusos congelados por parte de la Unión Europea para financiar a Ucrania, en medio de una creciente tensión internacional sobre el destino de esos recursos. “Tendrán que preguntárselo a la UE. Yo no participo en ello”, respondió con frialdad ante la pregunta de periodistas durante su vuelo entre Kuala Lumpur y Tokio, según la transcripción oficial publicada en el sitio web de la Casa Blanca.
Consultado también sobre si su administración contempla nuevas restricciones contra Rusia, Trump se limitó a decir: “Ya lo verán”, sin ofrecer detalles ni comprometerse públicamente con ninguna medida adicional.
Mientras tanto, la Unión Europea avanza en una propuesta polémica: utilizar hasta 140 mil millones de euros en activos rusos congelados para otorgar un préstamo a Ucrania. El plan, impulsado por la Comisión Europea, busca evitar una confiscación directa —que sería ilegal bajo el derecho internacional— y en su lugar usar los rendimientos generados por esos activos, depositados principalmente en la entidad financiera belga Euroclear. El préstamo sería a interés cero y solo tendría que ser devuelto si Rusia paga reparaciones por los daños causados por la guerra. Sin embargo, países como Bélgica han expresado fuertes reservas legales y financieras, temiendo represalias rusas y cuestionando la viabilidad jurídica del mecanismo.
La respuesta del Kremlin ha sido inmediata y contundente. La portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, calificó la medida como un “robo” y advirtió que cualquier intento de confiscar activos rusos sin consentimiento será respondido con una “respuesta dolorosa y severa”. Moscú ha amenazado con retener fondos de países occidentales en su territorio y tomar represalias económicas y legales. El presidente de la Duma, Viacheslav Volodin, fue aún más directo al advertir que los países europeos “tendrán que pagar intereses” si confiscan los activos, y que las futuras generaciones no perdonarán este acto, que calificó como una violación flagrante del derecho internacional.
Aunque Trump ha evitado comprometerse públicamente con el uso de los activos rusos congelados, su administración ha discutido internamente la posibilidad de emplearlos para financiar el envío de armas a Ucrania. Keith Kellogg, enviado especial de EE.UU. en Ucrania, confirmó que el tema está “sobre la mesa” y que se analiza como una opción viable, aunque no definitiva.
La postura ambigua de Trump contrasta con la presión de líderes europeos, quienes han urgido a actuar con rapidez. El presidente ucraniano, Volodímir Zelensky, ha insistido en que los activos deben utilizarse “para hacer sentir a Rusia el dolor de su guerra” y ha pedido a la UE que no ceda ante las dudas legales.
El uso de activos congelados para financiar a un país en guerra representa un precedente sin igual en la historia moderna. Aunque la Comisión Europea asegura que el plan tiene un “fundamento legal sólido”, expertos advierten que podría socavar la confianza en la propiedad privada internacional y abrir la puerta a litigios masivos. Además, la medida podría tensar aún más las relaciones entre Occidente y Rusia, que ya se encuentran en su punto más bajo desde la Guerra Fría. Moscú ha dejado claro que no reconocerá ninguna acción unilateral sobre sus activos y que responderá con medidas recíprocas.

