En la segunda sesión del Seminario “La vida en el centro. Cuidados, trabajos y bien común desde los territorios”, organizado por la Secretaría de Ciencia de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), el Centro Universitario Tianguistenco se convirtió en un espacio para la reflexión urgente sobre una problemática que afecta profundamente la vida cotidiana de miles de mujeres: la violencia sexual en el transporte público.
La conferencia “Entre trayectos y cuidados: la respuesta de las mujeres ante la violencia sexual en el transporte público de Tianguistenco”, impartida por la licenciada en Seguridad Ciudadana y especialista en Género, Violencia y Políticas Públicas por la UAEMéx, Vanessa Robles Romero, reunió a estudiantes, docentes y autoridades universitarias bajo un mismo propósito: analizar cómo las trayectorias diarias de movilidad se ven condicionadas por el miedo, las estrategias de cuidado y la violencia normalizada en los espacios públicos.
Acompañada por la coordinadora del seminario, Norma Baca Tavira, y por el encargado de despacho de la Dirección del Centro Universitario UAEM Tianguistenco, Jerónimo Amado López Arriaga, Robles Romero subrayó que la violencia sexual es uno de los agravios más persistentes y silenciados que enfrentan las mujeres en su vida diaria. En el transporte público —un derecho humano fundamental para la movilidad y el acceso a otros derechos— las mujeres deben desplegar múltiples estrategias de autocuidado para evitar agresiones, lo cual condiciona su libertad y seguridad.
Recordó que este derecho se encuentra restringido para diversos sectores vulnerables, incluidos mujeres, infancias, adultos mayores y personas con discapacidad. Según expuso, el transporte público carece de una perspectiva de género tanto en su infraestructura como en su operación, lo que agrava la exposición a riesgos y la percepción de inseguridad.
Datos de la Encuesta sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021 ilustran la magnitud del problema: 23 millones de mujeres de 15 años o más reportaron haber vivido algún tipo de violencia en el ámbito comunitario, y dentro de ella, la violencia sexual es la más frecuente, con una prevalencia del 42.2 por ciento. Esta cifra revela la profundidad de un fenómeno que impacta la vida diaria, la autonomía y la movilidad de las mujeres en México.
Con el propósito de comprender la dimensión local de esta problemática, Robles Romero desarrolló una investigación en Santiago Tianguistenco centrada en el transporte público —especialmente microbuses y taxis colectivos— empleando encuestas, entrevistas, observación y un taller de contramapeo. La muestra estuvo integrada mayoritariamente por mujeres jóvenes: 54 por ciento de las participantes tenía entre 14 y 19 años, un grupo que utiliza el taxi colectivo principalmente para trasladarse a la escuela.
Los resultados muestran un panorama alarmante: 53 por ciento de las encuestadas reportó haber sufrido miradas lascivas, 33 por ciento manifestó miedo constante de sufrir un ataque sexual y 31 por ciento refirió haber recibido silbidos, gemidos o insinuaciones por parte de hombres durante sus trayectos. Estas agresiones ocurren tanto en las calles como al interior de las unidades, perpetradas sobre todo por personas desconocidas y, en algunos casos, por los propios operadores del transporte público.
A ello se suma la normalización social de estas conductas. La investigadora destacó que existen reglas no escritas que legitiman comportamientos como miradas insistentes, comentarios obscenos o insinuaciones, lo que perpetúa un entorno hostil para las mujeres y disminuye la posibilidad de denunciar o enfrentar a los agresores. Esta violencia tiene repercusiones profundas en la autoestima, la salud emocional y la percepción de seguridad de las víctimas, señaló.
Robles Romero identificó también factores que alimentan este fenómeno, entre ellos la falta de valores, la ausencia de espacios seguros para dialogar abiertamente sobre la violencia sexual y la carencia de mecanismos institucionales que garanticen trayectos libres de agresiones.
Frente a este contexto, la población encuestada planteó acciones prioritarias: la regulación del perfil de los operadores del transporte público, mayor vigilancia policial, y la instalación de sistemas de monitoreo, como cámaras internas, botones de pánico y mecanismos de atención inmediata ante emergencias.
El seminario, enfocado en colocar la vida, los cuidados y el bien común al centro de la agenda pública, busca reconocer los cuidados como un derecho y un trabajo fundamental para la reproducción social, cultural, económica y ambiental de las comunidades. En este marco, el análisis de la movilidad desde una perspectiva de género se vuelve indispensable para entender cómo las violencias erosionan la vida cotidiana y limitan la participación plena de las mujeres en el espacio público.
La conferencia de Vanessa Robles Romero no sólo reveló la gravedad de la violencia sexual en el transporte de Tianguistenco, sino que abrió un llamado urgente a la acción colectiva: transformar los trayectos diarios en espacios seguros, donde las mujeres —especialmente las jóvenes— puedan ejercer su derecho a la movilidad sin miedo y con plena libertad.

