Los alimentos ultraprocesados se han convertido en uno de los principales impulsores de la pandemia global de enfermedades crónicas, desplazando las dietas tradicionales y afectando la salud pública a gran escala, advirtieron especialistas en nutrición y salud en un análisis publicado por The Lancet.
El estudio alerta sobre el enorme poder político y económico de las grandes compañías alimentarias, que emplean estrategias para frenar regulaciones que limiten sus intereses, incluso cuando estas medidas buscan proteger la salud de la población. Expertos de instituciones de Brasil, Chile y México coincidieron en que el impacto de los ultraprocesados constituye uno de los mayores desafíos sanitarios a nivel mundial.
Entre los riesgos señalados, destacan los altos contenidos de azúcares, grasas y sodio presentes en estos productos, factores que incrementan la incidencia de obesidad, diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares. La serie presentada por The Lancet evidencia que, aunque varios países han implementado políticas para reducir el daño —como etiquetado frontal, impuestos y restricciones publicitarias— estas acciones siguen siendo insuficientes frente a la magnitud del problema.
Los especialistas urgieron avanzar hacia políticas integrales que abarquen toda la cadena: desde la producción hasta la publicidad, el mercadeo y el consumo, con el fin de frenar la expansión de estos productos y proteger la salud de millones de personas.
El llamado es claro: los alimentos ultraprocesados no son inocuos y su consumo excesivo representa una amenaza directa para la salud pública. Las autoridades sanitarias y legislativas deben actuar con firmeza para garantizar entornos alimentarios más saludables y prevenir enfermedades crónicas que hoy afectan a gran parte de la población.

