La presentación del libro “Cállense, los nuevos rostros de la censura” en una librería de Coyoacán no fue solo un acto cultural: fue una alerta roja sobre la sofisticación del autoritarismo en México. Humberto Musacchio y un gremio indignado denunciaron que la censura ya no se ejerce con balas ni clausuras, sino con expedientes judiciales disfrazados de legalidad, una estrategia que convierte al Poder Judicial en el brazo más eficaz para silenciar voces críticas.
El fenómeno tiene cifras alarmantes: 51 casos de acoso judicial contra periodistas y medios documentados solo entre enero y julio de 2025, lo que equivale a un nuevo proceso cada cuatro días, según ARTICLE 19. Esta cifra supera cualquier registro histórico y podría cerrar el año con más de 60 casos. Las demandas incluyen litigios estratégicos contra la participación pública (SLAPPs), denuncias por “daño moral” y la utilización facciosa de la figura de Violencia Política en Razón de Género (VPEG), diseñada para proteger a mujeres, pero hoy usada para censurar críticas incómodas.
Casos emblemáticos ilustran la perversión del sistema:
- Jorge Luis González, periodista de Campeche, enfrenta censura previa y supervisión judicial tras denunciar corrupción local.
- Karla Estrella, sancionada por un comentario en redes sociales, obligada a disculpas públicas y cursos de “reeducación”.
- Laisha Wilkins y Carmen Aristegui, denunciadas por replicar críticas en X, inscritas en el Registro Nacional de Personas Sancionadas.
Incluso ciudadanos comunes han sido alcanzados por esta maquinaria, demostrando que el objetivo es silenciar toda voz crítica, sin importar su alcance.
Musacchio, quien alguna vez respaldó al régimen, hoy lo califica como una “izquierda estaliniana” que confunde crítica con ataque personal. Su diagnóstico es brutal: la censura se viste de toga y expediente, trasladando la violencia contra la prensa de las calles a los tribunales. “No somos el enemigo, servimos a la sociedad, no a los políticos”, fue el lema que resonó en la presentación, acompañado por un llamado urgente a la unidad gremial, evocando la histórica Unión de Periodistas Democráticos que en 1976 enfrentó el golpe a Excélsior.
La advertencia es clara: la indiferencia ante el ataque judicial a la prensa equivale a capitular ante la tiranía legalizada. Hoy, la democracia mexicana se degrada bajo el disfraz de justicia, mientras el discurso oficial presume libertades que no existen. Como sentenció Musacchio: “Dios te salve, Libertad de Expresión, llena eres de gracia…”.

