La madrugada del 16 de diciembre convirtió la localidad malagueña de La Cala de Mijas en un escenario dantesco. Vientos huracanados que superaron los 130 km/h arrasaron la costa, derribaron árboles, desplazaron embarcaciones y destrozaron la decoración navideña, dejando a residentes y turistas con una pregunta inquietante: ¿se cancela la Navidad?
El fenómeno, descrito por expertos como una manga marina que tocó tierra en forma de tornado, levantó barcos del mar y los arrojó sobre el paseo marítimo como si fueran juguetes. Las ráfagas derribaron arcos luminosos, fracturaron ramas y provocaron cortes de tráfico en varias calles. El Ayuntamiento de Mijas contabiliza daños en al menos ocho vehículos y mantiene operativos de emergencia para retirar escombros y restablecer la normalidad. Bomberos realizaron siete salidas urgentes durante la noche, mientras la Policía Local aseguraba las zonas afectadas.
Las pérdidas materiales son cuantiosas: solo en iluminación navideña se estiman 70.000 euros, y el coste total podría superar el medio millón, según medios internacionales. Afortunadamente, no se registraron víctimas mortales, aunque un hombre resultó herido en Málaga capital por la caída de un árbol durante el temporal que azotó toda la provincia.
Este episodio se enmarca en la borrasca Emilia, que ha golpeado Andalucía con lluvias torrenciales, tornados y rachas extremas, dejando más de 280 incidencias en la región. La AEMET mantiene alertas por viento y fenómenos costeros, mientras técnicos analizan si el evento fue un tornado o un “reventón descendente” hiperlocalizado. Lo cierto es que la violencia del fenómeno sorprendió en pleno puente de diciembre, cuando la Costa del Sol se preparaba para su temporada alta turística.
La alcaldesa de Mijas, Ana Mata, confirmó que se trabaja contrarreloj para reparar los daños y recuperar el programa navideño. “No tenemos que lamentar víctimas, pero el impacto ha sido enorme”, declaró tras recorrer la zona afectada. Mientras tanto, las imágenes del desastre —arcos luminosos en el suelo, barcos en tierra y calles bloqueadas— se viralizan en redes, convirtiendo a La Cala en símbolo de la fragilidad ante fenómenos extremos.
La Navidad en la Costa del Sol quedó a merced del viento: la emergencia climática no da tregua.

