Un hecho insólito y alarmante paralizó las operaciones en la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), cuando un piloto de Magnicharters, tras ser notificado de su despido, se encerró en la cabina de un avión con pasajeros a bordo, convirtiendo un vuelo comercial en escenario de protesta y dejando al descubierto la fragilidad de los protocolos de seguridad aérea y la profunda crisis laboral en la industria.

El incidente ocurrió minutos antes del despegue del vuelo 777 con destino a Cancún. Según reportes, el comandante, visiblemente alterado tras recibir la notificación de su baja, cerró la puerta de la cabina y utilizó el sistema de altavoz para exigir diálogo con autoridades aeroportuarias y representantes de Protección Civil. En su mensaje, denunció adeudos salariales que afectarían a más de 300 trabajadores:

“No me voy a mover hasta que alguien dé la cara. Nos deben sueldos y aguinaldos desde hace meses. No es justo que nos traten como basura”, se escuchó decir al piloto, según testimonios de pasajeros.

La respuesta de las autoridades fue tardía y caótica. Pasaron varias horas antes de que la Guardia Nacional y la Secretaría de Marina intervinieran para desalojar a los pasajeros y negociar con el piloto. Mientras tanto, la terminal se convirtió en un hervidero de tensión, con viajeros indignados y videos viralizados en redes sociales que exhibieron la falta de protocolos claros para enfrentar este tipo de situaciones.

En X (antes Twitter), usuarios compartieron mensajes como:
“¿Dónde están las autoridades? Llevamos horas varados porque un piloto se atrincheró en la cabina. Esto es un desastre”, escribió @viajeroCDMX.
Otro usuario reclamó: “Magnicharters no paga y ahora pone en riesgo a todos. ¿Quién supervisa esto?”.

Reacciones de los pasajeros

En videos difundidos en redes sociales se observa a pasajeros en la sala de espera del aeropuerto capitalino mostrando molestia por la situación. Algunos expresaron su inconformidad por la suspensión del vuelo y la falta de información clara en ese momento, mientras otros grabaron el ambiente de incertidumbre que se vivió en la terminal aérea.

Finalmente, el piloto fue detenido y puesto a disposición de la Agencia Federal de Aviación Civil, pero la aerolínea se limitó a emitir un comunicado ambiguo, sin asumir responsabilidad ni explicar las causas del despido.

Este episodio no puede verse como un hecho aislado. Magnicharters arrastra antecedentes de conflictos laborales y señalamientos por incumplimiento de obligaciones patronales. En años recientes, trabajadores han denunciado retrasos en pagos y condiciones precarias, mientras la autoridad aeronáutica ha mostrado una preocupante pasividad para garantizar el cumplimiento de la normativa. El caso también expone una vulnerabilidad crítica: ¿cómo es posible que un piloto, tras ser despedido, conserve acceso a la cabina y ponga en riesgo la seguridad de decenas de pasajeros?

Más allá del espectáculo mediático, este incidente plantea preguntas urgentes sobre la supervisión de aerolíneas, la protección de derechos laborales y la solidez de los protocolos de seguridad en el principal aeropuerto del país. La falta de transparencia y la reacción tardía de las autoridades no solo evidencian negligencia, sino que abren la puerta a escenarios aún más graves si no se toman medidas inmediatas.