Julissa Mondragón Gallegos, conocida en la cancha, en los pasillos universitarios y entre sus compañeras simplemente como Kika, nació el 7 de julio de 2002 en Huetamo, Michoacán. Su historia, sin embargo, se consolidó en el Estado de México, donde encontró en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) no solo un espacio de formación académica, sino el escenario que consolidó su identidad deportiva. Hoy, como orgullosa egresada de la Licenciatura en Cultura Física y Deporte, mira hacia atrás y reconoce que su trayectoria está hecha de disciplina, resistencia y un profundo sentido de pertenencia.
El fútbol apareció en su vida prácticamente al mismo tiempo que los primeros recuerdos de su infancia. “Desde muy pequeña estuve rodeada del deporte; a los tres años ya estaba aprendiendo fútbol y jugaba con niñas mucho más grandes”, recuerda. Aquella pasión infantil, casi instintiva, se convirtió con el tiempo en convicción y rumbo. Fue el motor que la llevó a defender los colores verde y oro de la Autónoma mexiquense en escenarios estatales, nacionales e internacionales, dejando huella entre quienes compartieron con ella cancha, vestidor y celebraciones.
Su llegada a la UAEMéx coincidió con uno de los momentos más complejos para el deporte a nivel mundial: la pandemia. Los procesos de selección, competencias y entrenamientos se transformaron radicalmente. En ese contexto atípico, su camino hacia la selección universitaria tomó una ruta distinta. “Para entrar a la selección universitaria fue más sencillo porque no hubo visorias ni torneos; yo metí un equipo a un torneo interno y ahí me vieron. Me invitaron a un juego y así pude ser parte del equipo en 2022”, narra. Ese momento marcó un antes y un después: desde entonces, su crecimiento fue constante.
En 2023 debutó en la Universiada Nacional celebrada en Sonora y ese mismo año obtuvo medalla de bronce en la Conferencia Nacional de la CONADEIP. Su consagración deportiva llegó en 2024, cuando conquistó dos medallas de plata en la Universiada Nacional en Aguascalientes, tanto en fútbol bardas como en fútbol asociación. Aquellos triunfos abrieron la puerta a una experiencia inolvidable: su participación en los FISU American Games en Cali, Colombia, donde nuevamente se colgó la plata. “Ganamos plata y solo perdimos contra Colombia”, relata con orgullo, consciente de que esas preseas representan no solo resultados, sino sacrificios, compromiso y equipo.
Su espíritu competitivo la llevó también a explorar nuevas disciplinas, como el frontball. El cambio no fue sencillo. “Entré por Marifer Noriega; es muy diferente porque pasé de un deporte en equipo a trabajar sola. A veces te desesperas cuando el resultado no depende solo de ti”, confiesa. Sin embargo, su perseverancia volvió a dar frutos: obtuvo medalla de plata en los Campeonatos Nacionales Universitarios ANUIES 2025.
A la exigencia deportiva se sumó siempre la responsabilidad académica. Hubo momentos en que las competencias la obligaban a ausentarse de clases, pero nunca abandonó sus obligaciones. “Había momentos en los que no iba a clases, pero enviaba mis trabajos. Algunos maestros eran muy comprensivos”, comenta. Durante su preparación rumbo a FISU su rutina era extenuante: entrenamientos por la mañana, clases por la tarde y nuevamente cancha por la noche. Una vida marcada por el compromiso.
De todas sus experiencias, portar el uniforme auriverde ocupa un lugar especial. “Una vez potros, siempre potros. Portar los colores verde y oro es un gran orgullo porque llegar aquí no es fácil; hay muchos aspirantes y entrar ya es ganar”, afirma.
Hoy, tras cerrar su ciclo como atleta universitaria, Kika ha encontrado un nuevo significado en el deporte al entrenar a niñas y niños de 10 y 11 años en el Centro de Formación Deportiva. “Nunca imaginé estar como entrenadora, pero disfruto mucho cómo los niños te ven como un ejemplo y me gusta transmitir lo que viví para motivarlos”, expresa. Egresó en julio y actualmente trabaja en su titulación, con la mirada puesta en estudiar una maestría en gestión deportiva.
Más allá de medallas, viajes y torneos, Kika reconoce que la UAEMéx la formó integralmente. “La disciplina, el compromiso, el respeto, la responsabilidad y la resiliencia son los valores que más he aprendido”, asegura. Y deja un mensaje que resume su recorrido y su esencia: “Si tienen las ganas y la oportunidad de hacer algo, háganlo. Luchen por sus sueños porque se cumplen y te llevan a lugares que jamás imaginaste”.
Su historia hoy se suma a las muchas que hacen del deporte universitario un espacio de inspiración, identidad y orgullo.

