Ante los acontecimientos recientes en Venezuela, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, fijó un posicionamiento amplio y contundente que retoma uno de los pilares más firmes de la política exterior mexicana: el rechazo absoluto a cualquier forma de intervención en los asuntos internos de otros países. La postura, subrayó, no es circunstancial ni responde a coyunturas políticas, sino que se inscribe en una tradición histórica, jurídica y ética que ha marcado el actuar del Estado mexicano en el escenario internacional.
Sheinbaum recordó que los hechos ocurridos en Venezuela, donde una intervención directa del gobierno de Estados Unidos derivó en la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, así como en la pérdida de vidas humanas, obligan a reiterar con claridad un principio irrenunciable. “Rechazamos de manera categórica la intervención en los asuntos internos de otros países”, afirmó, al señalar que la experiencia histórica de América Latina demuestra que las intervenciones extranjeras nunca han traído democracia, bienestar ni estabilidad duradera.
Desde esta perspectiva, la mandataria sostuvo que solo los pueblos tienen el derecho y la capacidad de construir su propio futuro, decidir su rumbo político y ejercer soberanía plena sobre sus recursos naturales. Este principio, enfatizó, no solo está consagrado en la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, sino que también forma parte del marco jurídico internacional, particularmente de la Carta de las Naciones Unidas, que establece el respeto a la soberanía, la integridad territorial y la libre determinación de los pueblos.
“La soberanía y la autodeterminación no son opcionales ni negociables”, remarcó Sheinbaum, al advertir que la acción unilateral y la invasión no pueden ser la base de las relaciones internacionales en el siglo XXI. Lejos de conducir a la paz o al desarrollo, dijo, este tipo de prácticas profundizan los conflictos y la inestabilidad global.
En su posicionamiento, la presidenta hizo referencia a principios históricos que siguen vigentes en el debate internacional. Recordó el llamado de George Washington, en 1796, a observar la buena fe y la justicia hacia todas las naciones, así como la visión de Abraham Lincoln sobre la democracia como “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. En el mismo sentido, evocó la máxima de Benito Juárez: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.
Sheinbaum planteó que el continente americano enfrenta hoy desafíos distintos, como la creciente competencia económica global, particularmente frente al avance de Asia. En ese contexto, subrayó que el desarrollo no puede construirse mediante la fuerza o la imposición, sino a través de la cooperación, la inversión productiva, la innovación, la educación y el bienestar social.
Bajo esta visión, México propone avanzar hacia un nuevo paradigma continental basado en cinco ejes fundamentales: el respeto irrestricto a la soberanía y la autodeterminación; la inversión productiva en infraestructura, energía, transporte, educación, ciencia y tecnología; una integración económica regional sustentada en cadenas productivas compartidas y comercio justo; el bienestar social como centro del desarrollo; y un diálogo permanente entre naciones en condiciones de igualdad.
“América no pertenece a una doctrina ni a una potencia”, afirmó la presidenta, al señalar que el continente pertenece a los pueblos que lo conforman y que su futuro debe construirse desde la cooperación y el respeto mutuo.
En el ámbito de la relación bilateral con Estados Unidos, Sheinbaum abordó también la lucha contra el narcotráfico y la delincuencia organizada. Explicó que México ha establecido un Entendimiento con el país vecino sustentado en cuatro principios: respeto a la soberanía y la integridad territorial; responsabilidad compartida y diferenciada; respeto y confianza mutua; y cooperación sin subordinación.
La presidenta destacó que México coopera activamente para evitar que el fentanilo y otras drogas lleguen a la población, especialmente a las y los jóvenes, tanto en Estados Unidos como en México. Al mismo tiempo, subrayó que el objetivo central de la estrategia nacional es reducir la violencia y construir una paz duradera con justicia, lo cual —dijo— ya se refleja en una reducción del 37 por ciento en el homicidio doloso, importantes decomisos de drogas y la extradición de delincuentes.
No obstante, enfatizó que la violencia también tiene causas estructurales compartidas, como el tráfico ilegal de armas de alto poder desde Estados Unidos hacia México y el grave problema del consumo de drogas en el país vecino. Por ello, reiteró la necesidad de combatir de manera conjunta a las redes de distribución y lavado de dinero en ambos lados de la frontera, así como atender las causas profundas del consumo mediante valores, educación, apoyo familiar y comunicación social.
Finalmente, Claudia Sheinbaum reafirmó que en México manda el pueblo y que el país es libre, independiente y soberano. “Cooperación, sí; subordinación e intervención, no”, concluyó, al dejar en claro la posición de México frente al mundo.

