La estructura de poder dentro de Grupo Televisa entró en una nueva fase de reacomodo tras confirmarse que Emilio Azcárraga Jean pactó la venta de una parte minoritaria de sus acciones Serie “A” a dos de los hombres más influyentes dentro del propio consorcio: Bernardo Gómez Martínez y Alfonso de Angoitia Noriega, copresidentes ejecutivos de la empresa. Aunque la operación aún depende de autorizaciones regulatorias, el movimiento ya envió una señal inequívoca al mercado y al mundo político: la televisora más poderosa del país está redistribuyendo su centro de gravedad.
De acuerdo con el comunicado enviado a la Bolsa Mexicana de Valores, la transacción contempla la venta de 26,332 millones de acciones Serie “A”, divididas en partes iguales entre Gómez y de Angoitia. El valor estimado ronda los 1,926 millones de pesos, con base en el precio de cotización al momento del anuncio. Aunque Azcárraga conserva la mayoría de su paquete accionario, la operación reduce su participación efectiva y fortalece la presencia accionaria personal de los dos ejecutivos que, en los hechos, ya operaban como el binomio más poderoso dentro de Televisa.
La venta ocurre en un contexto de reacomodo estratégico para el conglomerado. En 2024, Azcárraga dejó la presidencia ejecutiva de Televisa en medio de la reactivación de investigaciones del Departamento de Justicia de Estados Unidos relacionadas con el caso FIFA Gate, pese a que la empresa ya había pagado 95 millones de dólares para cerrar una demanda por presuntos sobornos en la obtención de derechos de transmisión de Copas del Mundo. Su salida operativa fue interpretada como un intento de blindar a la compañía y reducir riesgos reputacionales en un momento crítico.
El movimiento también coincide con la venta del 49 por ciento del Club América, del estadio y de los terrenos aledaños al fondo estadounidense General Atlantic, operación que consolidó una estrategia de liquidez y reordenamiento de activos del grupo empresarial. Ahora, con la venta de acciones Serie “A”, Televisa profundiza un proceso de transición interna que ya no gira exclusivamente alrededor del apellido Azcárraga.
Bernardo Gómez y Alfonso de Angoitia no son actores improvisados. Gómez, con más de dos décadas en la cúpula, ha sido el operador político por excelencia de Televisa, con interlocución directa con gobiernos de distintos signos y control sobre áreas estratégicas de contenido. De Angoitia, considerado el arquitecto financiero del grupo, ha sido clave en fusiones, adquisiciones y alianzas internacionales, además de ocupar posiciones en consejos de empresas globales. Su entrada como accionistas relevantes formaliza un poder que ya ejercían desde la operación diaria.
La nueva correlación accionaria se suma a la presencia de inversionistas institucionales de peso como Dodge & Cox, Fintech Holdings, BlackRock y Eduardo Tricio Haro, quien adquirió alrededor del 7 por ciento del capital en 2025. Televisa dejó hace tiempo de ser un feudo estrictamente familiar; hoy es un consorcio donde fondos, ejecutivos y socios estratégicos comparten influencia con el heredero de la dinastía.
En la Bolsa Mexicana de Valores, el anuncio provocó movimientos moderados: las acciones de Televisa retrocedieron alrededor de 0.47 por ciento, mientras que los ADR en Nueva York cayeron cerca de 0.33 por ciento. El mercado interpretó la operación como un reacomodo interno más que como una salida abrupta de Azcárraga o una toma hostil del control.
Aunque Televisa insiste en que se trata de una venta minoritaria, el mensaje político interno es claro: los copresidentes ejecutivos no solo administran la empresa, ahora también compran una parte significativa del control económico y de los derechos de voto. Documentos enviados a autoridades regulatorias en Estados Unidos indican que Gómez y de Angoitia podrán ejercer derechos de voto sobre las acciones adquiridas, incluyendo la facultad de influir en el Consejo de Administración y en futuras decisiones estratégicas.
La operación, en suma, no es un simple movimiento financiero. Es un reacomodo profundo en la cúpula del conglomerado mediático más influyente del país. Televisa entra en una etapa de transición controlada, donde Azcárraga conserva el liderazgo simbólico, pero comparte —y formaliza— el poder con quienes han sido sus operadores más cercanos. El desenlace dependerá de las autorizaciones regulatorias y de cómo esta nueva arquitectura de poder se traduzca en decisiones editoriales, comerciales y políticas en los próximos años.
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Azcárraga cede poder: Televisa reconfigura su cúpula mientras Gómez y de Angoitia compran parte de las acciones Serie A

