José Ramón López Beltrán volvió a colocarse en el centro de la conversación pública, no por aclarar algún tema relevante ni por aportar algo al debate nacional, sino por protagonizar un episodio que rápidamente se convirtió en motivo de burla: su pleito con la inteligencia artificial Grok, propiedad de X. El hijo del expresidente reaccionó indignado a una respuesta generada por la IA y, en cuestión de horas, usuarios de redes sociales lo transformaron en una colección de caricaturas, memes y sátiras que lo exhiben como un personaje incapaz de lidiar incluso con un algoritmo.


Las caricaturas circularon con velocidad: José Ramón aparecía discutiendo con un robot, peleando con un monitor, reclamándole a un celular, exigiendo “respeto” a una máquina y hasta llorando frente a un mensaje automatizado. En varias ilustraciones se le retrató como un “oso” literal, haciendo alusión al ridículo público, mientras Grok aparecía como un pequeño asistente digital que lo supera en serenidad, lógica y sentido común. La ironía fue inmediata: mientras el país enfrenta una crisis de inseguridad, el hijo del exmandatario decidió convertir a una IA en su adversario político.

El episodio detonó una ola de comentarios que subrayaron la desconexión entre la realidad nacional y las prioridades de quienes han vivido del poder. Mientras millones de mexicanos lidian con violencia, extorsiones y desapariciones, José Ramón López Beltrán se enfrascó en un pleito con un programa informático que, por diseño, no tiene emociones ni intenciones políticas. La escena terminó por consolidarlo como un personaje recurrente del humor digital: un heredero político que, incapaz de enfrentar cuestionamientos reales, termina peleándose con caricaturas… y convirtiéndose en una de ellas.