El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, endureció su postura frente a Irán al anunciar que impondrá un arancel del 25% a cualquier nación que mantenga relaciones comerciales con la República Islámica. “Con efecto inmediato, cualquier país que haga negocios con Irán pagará un arancel del 25% sobre todos y cada uno de los tratos comerciales que se realicen con EE.UU. Esta orden es definitiva y concluyente”, escribió en la red Truth Social.

Esta medida se suma a la escalada de tensiones entre Washington y Teherán, luego de que Trump amenazara con lanzar ataques “sin precedentes” contra suelo iraní si se concretan agresiones contra instalaciones militares y comerciales estadounidenses. En respuesta, el portavoz del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, advirtió que su país respondería con firmeza ante cualquier afrenta, asegurando que EE.UU. “pagará un precio alto” si actúa militarmente.

Analistas internacionales advierten que esta decisión podría desatar una guerra comercial y diplomática con repercusiones globales. La imposición de aranceles no solo presiona a países con vínculos energéticos y comerciales con Irán, sino que también amenaza la estabilidad de mercados internacionales, especialmente en el sector petrolero. El estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del crudo mundial, se convierte en un punto crítico ante el riesgo de bloqueos o ataques.

La comunidad internacional observa con preocupación este endurecimiento de sanciones, que podría complicar los esfuerzos para reactivar el acuerdo nuclear y aumentar la tensión con potencias como China y Rusia, que mantienen relaciones estratégicas con Teherán. Un escenario de confrontación económica y militar tendría efectos devastadores en la seguridad global y en la economía mundial, elevando los precios de la energía y generando incertidumbre en los mercados.